A contratiempo

Llegó la hora de acabar con las patrañas

Estamos a dos minutos de que vuelvan a ensordecernos las trompetas resonantes de la nada, como diría Kafka. El jueves arranca otra campaña electoral con su abrumadora descarga de mítines, discursos, promesas vanas, promesas ciertas, griterío y multitudes. Estamos a punto de adentrarnos en los territorios de la quimera, donde casi todo es posible, incluso la esperanza. Nos aguardan quince largos días de monólogos encadenados, acusaciones encubiertas, insultos estériles y vocinglería de ocasión. Una liturgia inevitable, una democrática superstición hasta alcanzar la hora de la verdad, el día de las urnas.

Hasta aquí hemos llegado. Arrastrando ocho años de gobiernos socialistas ineptos y algo falsarios, con el morral rebosante de mentiras y las cuentas desbordadas de números rojos. El desvergonzado trampantojo de un desestimiento del terror es el único activo con el que el PSOE aspira a no sucumbir en la hecatombe que predicen las encuestas. Intento inútil. Demasiado falso, demasiado tarde. Sobradamente lo sabe Rubalcaba, que intenta evitar el desastre con torpes manotazos de náufrago.

Toca ahora enredarse en desentrañar el mensaje lineal y transparente que ofrece el programa del PP, en el que algunos querían ver un proceloso arcano, un secreto insondable rebosante de claves cifradas y apuestas ocultas. Pero no hay tal. Las tablas de la ley con las que el Partido Popular se presenta ante los electores son las líneas básicas por las que debe discurrir una acción de Gobierno que se reclama conservadora y liberal. Es decir, Rajoy anuncia un paquete de iniciativas sensatas, razonables, urgentes y necesarias. Punto final a los delirios, al despilfarro, al jolgorio presupuestario. Punto final a las cuentas que no cuadran, a los déficit desbocados, a las patrañas, a la demagogia y al victimismo. Esfuerzo, sacrificio, entrega, racionalidad, cordura. Palabras que habían sido desalojadas de la Moncloa en estas dos legislaturas de espanto. Las promesas de Rajoy se sustentan precisamente en eso, en no prometer nada que no se pueda cumplir.

Ayer mismo nos anunciaba el Banco de España el estancamiento oficial de nuestra economía. Otra vez frente al espantajo de la recesión. Con cinco millones de parados y Europa acariciando la idea de expulsarnos de su club.

Mariano Rajoy tiene a gala proclamarse predecible. Un signo de identidad que algunos consideran ausencia de audacia. Pero la valentía no es eso. La valentía es afrontar con prudencia, serenidad y contundencia a los enemigos más temibles, a los retos más inaccesibles.

Hay que buscar únicamente lo que es alcanzable, señalaba Bentham. Parece que esa frase figura en el frontispicio del Partido Popular. ¿El programa? Bien, gracias. Pero la clave de estas decisivas elecciones generales, en las que España se lo juega casi todo, va mucho más allá. Se trata de dar un volantazo de 180 grados a la trayectoria suicida que nos ha traído hasta aquí. A esa incurable incapacidad de ejercer la acción de Gobierno que ha demostrado el PSOE. Mano diestra y pulso firme. Y una mirada despejada. No otra cosa ofrece el Partido Popular.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba