A contratiempo

Llanto y crujir de Arriola

De repente, Arias Cañete -"yo me conozco"- abrió la espita y la campaña dio un vuelco. El veterano candidato del PP no la pifió con Elena Valenciano, la fastidió, y a modo, con Susana Griso. El debate televisivo, pese a su envaramiento, su rigidez, su lectura de papelotes, su escasa soltura, había transcurrido para el candidato del PP por el sendero previsto. Se trataba de no hacer ruido, de no meter la pata, de no agitar las aguas. Y, pese a no salir vencedor, consiguió su propósito. El cara a cara resultó amodorrante, muermífero, dormidero y tedioso. Ganó la socialista a los puntos. Nada grave. Estos debates sólo los ven los convencidos, los propios, los entregados. Apenas 9 por ciento de audiencia. Una anécdota superable. Así lo quiere Arriola, el gran gurú, el 'míster coaching man' del PP desde hace dos décadas.

Pero en Antena 3, en lo de la gran Griso, el veterano Cañete -"llamadle Arias"- la pifió. Pisó el palito de lo correcto, se adentró en los terrenos de lo que la izquierda ha instituído como machismo, mencionó lo de la 'superioridad intelectual' frente a una mujer y reconoció que se contuvo porque 'me conozco'. Y se armó el Belén.

Público influenciable

El espectador de 'Espejo Público', que ronda habitualmente el 20 por ciento de share, es intercalisita, transversal, mayoritariamente femenino, no necesariamente simpatizante con ninguna sigla ni ardoroso militante de ningún partido. Ni siquiera quizás tenga, a estas alturas, el voto decidido. Por lo tanto, es una audiencia maleable. Es más, esa gran masa de  telespectadores que veían a la habilidosa Griso poner al candidato del PP en el disparadero, seguramente ni siquiera se habían detenido unas horas antes frente al stand de María Casado en La 1 para contemplar el 'pas à deux' de Cañete y Valenciano.

En la noche del jueves, decenas de altos dirigentes del PP querían estrangular a Arriola por haber adormecido, maniatado y transformado al dicharachero, jovial y simpático Cañete en un personaje soso, anodino, mal lector de fichas, con el cerebro trastabillado y sin recursos del político viajado, leído y experimentado que realmente es. Craso error.

Cambio de escenario

Por la mañana, tras lo de Antena 3, era Arriola quien, seguramente, quería estrangular a su candidato, que, entonces sí, se mostró tal cual es, dicharachero, suelto de lengua, provocador, ocurrente y...vehemente. El exministro de Agricultura había incurrido en el peor de los pecados de los 10 mandamientos del arriolismo: no despiertes a la fiera. Y lo hizo. El tropezón nocturno, mero objeto de análisis y charrameca para columnistas, encuestadores, comentaristas y comunicadores, dejó paso a un estruendoso patinazo matutino, carnaza de amplio consumo, para charleta de bar, de mercado y de sofá frente al televisor.

El terrible accidente de un autobús en Extremadura, con cinco escolares muertos y el turbio asesinato de una dirigente del PP en León había eclipsado la primera mitad de la campaña a las europeas. Por uno y otro motivo, se suspendieron los actos, se interrumpieron las presentaciones, se cancelaron los mítines y hasta se pospuso el famoso debate. Pero bastaron dos alocados minutos del bonancible, y barbiblanquiño candidato del PP ante las cámaras de Griso para echar por tierra todo el camino recorrido. Hasta entonces, las encuestas iban como la seda. A partir del "yo me conozco" las cosas habían cambiado.

La campaña electoral despertó de su letargo. Había parecido al fin un elemento que crea controversia y que potencia el interés mediático. El candidato de la 'derechona' dejó de ser un apacible experto en yogures y cuotas agrarias de la UE, un amigable cruce del abuelo de Heidi con Papa Noel, para transformarse en un machista prepotente, un ser detestable anclado en el siglo XIX. Así lo pintan ya los libretistas de Elena Valenciano, quien, de repente, ha encontrado un 'leiv motiv' a su discurso oxidado, anclado en la demagogia, la falsedad, el zoquetismo intelectual y el sectarismo ideológico. A esa izquiera rancia y periclitada, sin anclajes desde la caída del Muro, que con singular soltura encarna la candidata del PSOE, el argumento del machismo, hábilmente agitado, le funciona de maravillas. 

Seis millones de votos

En su inaccesible despacho, Arriola, el todopoderoso consultor electoral sevillano, rey del 'tracking' y prícipe de la demoscopia, habrá empezado a mesarse los cabellos y tirarse de las barbas. O al revés. Su esposa, la diputada Celia Villalobos, casualmente encarna al feminismo estruendoso, gritón y alpargatero apenas latente en el PP. Y es por ese flanco, por el de la falta de respeto a la mujer, por donde le van a chutar al partido en el Gobierno todos los penaltis en la recta final de la campaña.

La estrategia de Arriola, que tanto enfurruña al sector más combativo de la derecha, se basa justamente en lo contrario. En no sacar los pies del tiesto. En no llamar la atención. En 'no cagarla', como dicen su alumnos más aventajados. En unas europeas, que se deciden por apenas seis millones de votos, habida cuenta de la alta abstención tradicional, esto es clave. El suelo electoral del PP se fija en algo más de cuatro millones de fieles. Tan sólo con convencer a dos millones de los propios, de ese español medio que jamás votaría a un PSOE herido aún de zapaterismo, pero que ahora está muy cabreado con las políticas económicas de Rajoy, ya está el partido ganado. Para ello es preciso tan sólo airear las promesas de la recuperación, hablar de creación de empleo y anunciar bajada de impuestos. El mensaje ha de ser tranquilizador e hipnótico. Nada de entrar al trapo de la disputa con el rival.

Anunciaban victoria del PP

Pero el desliz de Arias Cañete ha incurrido en el menos perdonable de los pecados. Ha agitado al sector más recalcitrante de una izquierda que hasta ahora sesteaba, o que incluso brujuleaba por opciones periféricas. El peor de los escenarios. El tándem Rajoy/Arriola tenían todo encarrilado. Los sondeos ya anunciaban una victoria por encima de los cuatro puntos. Incluso Felipe González echaba una mano con sus invocaciones a la 'gran coalición', ese espectro que expulsa de la papeleta roja al votante socialista más auténtico. "Componendas de Rubalcaba para seguir en el machito", mascullan entre dientes los veteranos del PSOE, los largocaballeristas que todavía quedan por ahí, cuando se les plantea un gobierno en comandita con la derecha.

Apasionante recta final

La campaña, ahora, está viva. Cañete ha echado gasolina en el mustio motor de la tartana socialista y la ha liado. Le queda una semana, ahora, para enmendar la pifia. Para rodearse de mujeres del partido, para convertirse en feminista furibundo y defensor de la igualdad y hasta de la cuota. Un ejercicio de contorsionismo poco adecuado para un candidato con escasa cintura de malabarista. No cabe pensar en que todo se haya perdido. Pero sí que se le ha puesto algo más difícil. La campaña ha pegado un brinco. Arias Cañete ha sido expulsado de su cómoda poltrona y le han arrojado al más convulso e inhóspito de los circos. Un horror. Precisamente para él que es de los que piensa, con Camus, que 'la felicidad es hablar del salchichón cuando otros se intresan por el destino del alma'.

---------------------------------------

EL VARÓMETRO. Vuelve al ataque Sánchez Galán, IberdrolaMan, a través de su consejero delegado: "El regulador español es el peor de todos". Haciendo amigos // Tedioso juego de capones, uno más, entre Ignacio González y Cristina Cifuentes en territorio Ana Botella a cuenta de las pantallas para transmitir la Champions. // Julio González, chef durante años de Moncloa, nada discreto: "Los Aznar se apasionaban con los percebes y centollas". 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba