A contratiempo

Islamofobia y bobofobia

La democracia es como un tranvía. Cuando llegas a tu parada, te bajas. Díjolo Erdogan, antaño valedor de un gobierno islamista 'laico' turco, amigo de Zapatero, con quien viajó en el tranvía, del que ya se está apeando.

Pensar que el islamismo, de implantación creciente hasta el vértigo, pueda llegar a ser democrático es una cosa. Incierta, impensable y seguramente imposible. Pero asegurar que ahora mismo no hay mayor fuerza antidemocrática en el mundo, es una certeza. Nada tiene esto que ver con la 'islamofobia', el mantra que tanto cacarean los papagayos de la socialdemocracia, mientras controlan con atención a qué colegio envían a sus críos no vayan a encontrarse en el pupitre con gente de allá. Hipocresía bobiforme.

Cuando E.O. James publicó su Historia de las religiones, en 1956, hablaba de 250 millones de islamistas en el planeta. Hoy, algo más de medio siglo después, esa cifra se ha multiplicado al menos por cinco. Considerar al islamismo inamovible en sus planteamientos quizás resulte erróneo. Pero hay que demostrarlo.

Incompatibles con la democracia

Mientras decenas de miles de musulmanes de los llamados 'moderados' se lancen a las calles de la vieja Europa cristiana y democrática para reclamar la muerte de los autores de unas caricaturas sobre el profeta y no hagan lo propio cuando una banda de sarracenos criminales siegan la vida de 130 niños en una escuela de Pakistán, las cosas seguirán siendo como parecen. Es decir, como son. Estados teocráticos obscenamente enriquecidos con los petrodólares financian el envío de predicadores del odio por todo el mundo, imanes coléricos, clérigos sanguinarios que jalean la instauración de la sharia, la ley coránica, allá donde residen los valores de la civilización, de la tolerancia, de la razón. En efecto, los regímenes islámicos, al margen de las minorías fanáticas del yihadismo terrorista que albergan y procrían, tienen un serio problema con la modernidad y la democracia.

No es 'islamofobia', estúpidos, es la constatación de un hecho. El multiculturalismo fue un espejismo unidireccional que ha permitido usar el velo en un lado pero que obliga a ponerlo en el otro. ¿Cuántas parroquias católicas hay en Arabia Saudí? ¿Cuántas mezquitas hay en París? Van y vienen de Siria, donde acuden a sacarse su máster en asesinar infieles y en destruir la vida occidental, con tan facilidad que, como hemos visto en el caso de los asesinos de Charlie Hebdo, evidencian que algo muy importante está fallando. Tolerancia lo llaman. ¿Hacia los integristas rebanadores de gaznates occidentales? ¿Hacia quienes pretenden introducirse hasta tu dormitorio para degollarte a ti y tu familia en nombre de Alá?

Un musulmán cabreado

No es tolerancia, en efecto, es idiocia, estupidez, cobardía. O todo al tiempo. Cierto que hay musulmanes que han sido capaces de evolucionar hacia posturas alejadas del integrismo islámico. Ahí está el caso de Ahmed Abutaleb, alcalde de Rotterdam, 'un musulmán cabreado', como él mismo dijo tras la matanza del semanario francés. "Es incomprensible que puedan rechazar la libertad de la sociedad europea", dijo en la concentración ante el Consistorio de su ciudad en señal de repulsa por los crímenes. "Pero bueno, si no te gusta, por Dios, haz las maletas y vete de aquí! ¡Largáos, que os den!". No alentó a que las autoridades democráticas aprueben leyes para expulsar del país a quienes rechazan la integración en el modelo que les ha acogido. Pero al menos fue un grito de rechazo firme y poderoso. Y, lamentablemente, excepcional. Muy poco se escucha a los líderes musulmanes asentados en Europa emitir tales señales. En estas horas, después de la matanza, han asomado tímidamente su faz algunos imanes para balbucear grititos contra la violencia. "Venga de donde venga", apostillaría este Errejón.

Nada de "que se vayan". A estas hienas hay que expulsarlas. No representan una ideología, una religión, o una forma de hacer política. Este islamismo fanatizado y cruel encarna el mal y la barbarie. Y con eso ni se negocia ni se pacta. Ni mucho menos, se transige en aras del multiculturalismo y la conllevancia. Hace quince siglos declararon una guerra a nuestra civilización, nuestra forma de vida. En ello están, amparados por los espíritus melifluos que esgrimen una tolerancia tras la que se parapeta el miedo. Y esto no es 'islamofobia, queridos hermanos de la cofradía bienpensante de las alianzas de no sé qué civilizaciones. Es 'bobofobia'. Estamos muy hartos de ellos porque aquí ya no cabe un bobo más. Y ellos, tan campantes en nuestro tranvía.

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EL VARÓMETRO. No es que sean tristes los informativos de La 1, como dicen. Más bien resultan melancólicos. // Lo del piropo ha evidenciado pa´ra qué sirve ese Observatorio de la Violencia de Género que acoge el CGPJ. // Baja la corrupción y aumenta el optimismo económico, según el CIS. Atención al dato que vienen urnas. // El diálogo de besugos por SMS entre Mas y Junqueras es para que los catalanes coloquen a ambos de patitas en el carrer.


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