A contratiempo

Independencia de Cataluña: la tiranía de la estupidez

En aquel tiempo, allá por el olímpico 92, dijo Pujol a sus discípulos: "Nuestro objetivo no es la independencia de Cataluña. Europa no conocerá nuevos estados". Sus discípulos eran las juventudes de Convergencia, y por allí andaban Artur Mas y Oriol Pujol, sus "hereus". Y dijo aún más Pujol ante sus cachorros: "El nacionalismo catalán debe navegar siempre por el centro del río y debe evitar acercarse a alguna de las orillas porque corre el riesgo de encallar".

El horizonte político de todo nacionalista es alcanzar la independencia. "Fer el cim", hacer la cima, que diría Pujol el escalador. Otra cosa es cómo y cuando hacerlo. El votante de CiU nunca ha tenido prisa. Salvo si le calientan los cascos, entonces, agarra la estelada, se echa a la calle y celebra la Diada entre Els Segadors y Guifré el Pilós. Mercadotecnia sentimental. El bucle melancólico. Lo que nunca fue ni será. Un desahogo colectivo que Artur Mas, simplemente un bon noi, utiliza para tapar las vergüenzas de sus cifras.

Mas proponía un "pacto fiscal", esa entelequia inconstitucional, esa tramposa propuesta, esa excusa de mal gestor, cuando de pronto se encontró con la avalancha independentista desbordando las calles. "¿Qué me has hecho, Oriol?", pensó el president. El hijo de Pujol le había levantado la camisa. De la reclamación de una imposible Hacienda propia, remedo de cupo vasco con barretina, se pasó, en horas veinticinco, a la masiva reivindicación de la In-de-pen-den-cia. ¿Qué había pasado?

El agitprop y el calentón

La respuesta está cuando llegan los datos del CIS catalán. CiU perdía diez escaños y ERC subía ocho. Alarma. ¿Cómo frenar la fuga de votos hacia los independentistas? Con más independentismo. De ahí la fogosa Diada. De ahí el absurdo viaje de Mas a Madrid. De ahí la teatralidad tras la entrevista con Rajoy. De ahí las soflamas, la verborrea, el calentón soberanista. Los medios de comunicación catalanes saben hacerlo muy bien. "Cataluña dice basta". Agitprop desde la portada o en los "informatius" de TV3. Pura propaganda institucional: "Independencia Now". En Cataluña ya se sabe que el noventa por ciento de los medios son públicos y el diez por ciento restante, lo parece.

Mas no quería eso. Quería menos. Amagar con el pacto fiscal y prou. Aderezado, eso sí, con toda la quincalla nacionalista, fuego de artificio con música de Lluís Llach. Mucho ruido y furia que justiquen un adelanto electoral con la crisis fuera del libreto y la Cataluña ofendida y expoliada como único argumento de debate. Pero ha sido tan torpe y Oriol Pujol y sus colegas tan listos que ahora se encuentra ante un escenario endiablado. El Gobierno del PP le ha puesto en su sitio y hasta en el Camp Nou aplauden más a la indepedencia que a Messi.

Horizontes cercanos

El voto independentista huirá masivamente de CiU. El empresariado catalán le ha dado la espalda. El PP ya no podrá respaldarle en el Parlament, el Gobierno de Rajoy le ha sacudido con la Constitución en el hocico, Rubalcaba le ha cerrado la puerta y la sociedad catalana volverá a las urnas con una melancólica sensación de "coitus interruptus". Y un detalle. A la misma hora en la que Artur Mas protagonizaba una estrambótica y ridícula rueda de prensa en su "embajada" en Madrid, un camarote de los hermanos Marx inadecuado para tanto periodista y tanto micro, el responsable primigenio de todo ésto, Jordi Pujol, volvía a sus premisas de antaño en una apacible mesa redonda en Altea: "La independencia de Cataluña es casi imposible", afirmaba.

Este primer acto de la huída hacia adelante de CiU se ha cerrado con un sonoro fracaso de Artur Mas. Ahora le toca modular el griterío o encabalgarse hacia el abismo. O se arruga o se disfraza de Ibarretxe. En el semblante de Oriol Pujol se adivina ya una sonrisa de ganador. Su turno, cada vez más cerca.


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