A contratiempo

¿Dónde está el Gordon Brown catalán?

Ni Cataluña es Escocia ni por las Ramblas se ha visto un Gordon Brown. El laborista escocés era una de esas bestias pardas de la política británica. Le movió la silla a su jefe, Tony Blair y eso no se perdona. Además es hosco, resabiado y poco de fiar. Nada que hacer frente a la arrebatadora sonrisa de Blair. No fue mal ministro de Economía, domeñó el desempleo y olfateó la crisis antes que nadie. La vio venir en su momento, por el 2007, cuando por aquí Zapatero seguía jugueteando en la Champions League. Pero la victoria de los tories le envió al olvido.

Cosas de la política. Hasta que el rugido nacionalista de Salmond le sacudió de su siesta y le hizo lanzarse a la batalla más encendida, brillante y eficaz de su carrera. Una buena parte de los 'noes' a la secesión se deben a la entrega, el arrojo, la astucia y los grandes mítines de Brown durante la desesperada ofensiva para evitar el 'by, bye Scotland'.

A los ingleses les gusta Shakespeare y los buenos discursos. De ahí el predicamento de Laurence Olivier y Churchill. No era manca tampoco Thatcher en el lance de perorar, al contrario que Cameron, un patán que casi se lleva el Reino Unido por delante. Gordon Brown, tan soso, se convirtió sin embargo, durante dos meses, en el mejor orador británico de los últimos tiempos. Estaba en juego algo importante: el futuro de su Escocia. Porque, no se olvide que los escoces son más patriotas que nadie. Por eso evitaron jugársela a la bonoloto. Brown agarró el petate y se lanzó a hacer bolos por todos los pubs, plazuelas y callejones de su pequeño país. Y no sólo conmovió a muchos espíritus dubitativos sino que, casi, metió de cabeza el gol decisivo en el último minuto.

-Vamos a decirles que Escocia nos pertenece a todos. Explicad a los nacionalistas que no es su bandera, su cultura, su nación o sus calles, sino que es la bandera de todos, la cultura de todos, la nación de todos y las calles de todos.

-Vamos a explicarle a la gente lo que hemos hecho juntos. Vamos a contarles que hemos luchado y ganado una guerra contra el fascismo juntos. Vamos a decirles que no hay ningún cementerio de guerra en el que no descansen juntas las tropas escocesas, inglesas, galesas y norirlandesas. Luchamos juntos, sufrimos juntos, nos sacrificamos juntos, lloramos juntos y luego lo celebramos juntos. Vamos a recordarles que no solo ganamos una guerra juntos, sino que también construimos la paz, levantamos un Estado de bienestar juntos.

-No dejemos que el nacionalismo rompa lo que hemos creado juntos. Digamos a los indecisos y a los que han dicho que si están orgullosos de ser escoceses no pueden votar por el no, que esta es nuestra Escocia.

Y así. Discurso tras discurso, speech tras speech, despertó conciencias, animó la reflexión, avivó recuerdos y movilizó pasiones. Introdujo un factor fundamental con el que los nacionalistas atrapan el sentimiento de la gente: la épica.

Frente a las senyeras, las esteladas, los himnos, el mito que manejan y manipulan los nacionalismos, tan fácil de conmover los espíritus como la película de la Mel Gibson, el escocés Gordon Brown enarboló más mítica, más pasión, más patria, más sentimiento común, más memoria colectiva.

Falta épica en la tediosa y firme argumentación gubernamental de Rajoy. La ley, por supuesto. Pero hace falta algo más. Enfrente tiene el gobierno a un personaje disparatado como Artur Mas, tiznado por la sospecha de la corrupción del pujolismo. No habrá referéndum en Cataluña pero hace falta algo más para reconciliarse y hasta para conquistar a tantos ciudadanos que se sentirán frustrados tras el fracaso de la aventura delirante del líder de Convergencia.

Falta un Brown en el socialismo catalán español. Josep Borrel es posiblemente es más inteligente, tiene más talento pero le falta decisión y coraje. Su vídeo en el que desbarata las mentiras de los nacionalistas frente a la entrevistadora estrella de TV3 ha circulado con fruición por la red. Pero no ha osado dar el paso al frente para convertirse en el Brown catalán.

Quizás Carme Chacón llega tarde, aunque con brío. Tonteó con Quebec, con el maragallismo, el zapaterismo, la tercera vía y la geometría asimétrica. En su retiro en Miami, tras sacudirse el polvo que le hizo morder Rubalcaba en las falsas primarias, regresó con valentía y con peineta. "No quiero que me obliguen a elegir entre ser catalana y española", fue su eslogan. "Hay un señor que quiere levantar un muro de Berlín absurdo". "No nos quieren dar un pasaporte, nos quieren quitar uno". "Frente al camino de la discordia hay otro camino para superar juntos las dificultades".

El mensaje de Chacón en estos días telúricos ha sido claro pero con sordina. No ha dado un paso al frente. Se ha paseado por algunos platós y poco más. Quizás no ha osado abandonar le segunda fila porque ni siquiera se lo ha pedido su partido. Pero ente los disparates maragallianos, las tontunas de Montilla, la nimiedad de Pere Navarro y la indefinición de Iceta, su voz se ha abierto un tímido hueco. Poca cosa. El socialismo catalán feneció con el tripartido. Y, para desgracia de todos, no hay un Gordon Brown que lo saque de la sima. Bien le vendría al PSOE, a Cataluña y a España. Sánchez lo ignora, como tantas cosas. Otro error más.

EL VARÓMETRO. Todos contra la señora Oriol, que explicó muy mal lo de la edad fértil de las mujeres contratables.// Hasta que Mas se ofuscó con la independencia, no había aparecido ese Fernández de la CUP en nuestras vidas.//  El alcalde Trías es el personaje más falso de cuantos pululan en esta Cataluña enrarecida.


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