A contratiempo

Un Gobierno esclavo del gasto y una clase media asfixiada

El problema no es si se recauda mucho, sino si se gasta poco. Ya han parido los sabios sus consejos para la reforma fiscal. Trabajo hercúleo de 450 páginas de las que el maestro Ladares confía en que, al menos, el Gobierno respete un diez por ciento. De momento y para abrir boca, ya se ha cargado la propuesta de convertir la primera vivienda en renta de patrimonio.

Pero volvamos al principio. El problema no son los ingresos sino los gastos. No es de recaudación sino de dilapidación. El problema es que desde hace cinco años, este gobierno y el anterior, nos fríen a impuestos de una forma asfixiante y han conseguido aumentar la recaudación del 35 al 37 por ciento del PIB, un par de puntitos. Y el problema es que la deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó un nuevo récord en el cuarto trimestre del pasado año, con un montante de 960.640 millones, es decir, el 93,9 por ciento del PIB. O sea, un aumento de 8,6 por ciento. Y que la deuda de la administración central aumentó un 0,5 y la autonómica un 11,5.

¿Perder recaudación?

Ese es el problema. Y ahora ya pueden los expertos empezar a desmenuzar el voluntarioso trabajo del equipo Ladares que le servirá de excusa a Montoro para insistir en su juego favorito: ingresar y seguir gastando. Porque este informe e los sabios es un maravilloso brindis al sol, un brillante juego de ilusionismo. Quito de aquí para subir allá. La única ley que impera en el departamento de Hacienda es bien sencilla: "No podemos perder recaudación". Es decir, nadie me apea de mi 37 por ciento de ingresos fiscales. Y no es que sea mucho. En países vecinos incluso se alcanza el 50 por ciento. La cuestión es sobre qué lomos se asienta ese sacrificio.

El Gobierno de Mariano Rajoy ha logrado ya su objetivo, al margen de si le cuadran o no las cuentas. Ha cambiado la sintonía, ha modificado el escenario,ha dado un giro copernicano al discurso. Desde que entramos en el nuevo año, la muletilla gubernamental ya no es 'ajuste y sacrificios' sino 'esperanza y recuperación'. Ya no se habla de subir impuestos sino de bajarlos. Esta es la habilidosa clave de este excelente golpe de efecto. Este es el acierto de esta jugada maestra de márketing político.

Hasta hace tres días llovían las pedradas sobre Moncloa por ciscarse en su programa electoral y engañar a su votante. Treinta subidas de impuestos tiene contabilizadas el maestro John Müller que ha perpetrado Montoro en estos dos años.  "Ya me gustaría a mí, pero no podía hacer otra cosa", argumentaba, compungido el presidente. Ahora la lluvia de cascotes se va a transformar en tormenta de argumentos sobre si en vez de tocar el IRPF así habría que haber tocado el IVA asá. O si lo de sociedades es poco y lo patrimonio mucho. Pero el foco de la discusión ha dado un vuelco drástico. El verbo 'bajar' ha desplazado al 'subir' en el foco de la polémica.

Los paganos de la boda

El paquete, no puede dudarse, tiene aspectos positivos, otros muy discutibles y algunos, irrelevantes. Pero mientras el gobierno no agarre el cuchillo y se decida a recortar el gasto, se tratará de una iniciativa cosmética. Cambiar algo para que todo siga igual. Cuado la cuestión es mucho más simple: ¿Podemos financiarnos este Estado de los 17 estaditos? ¿Podemos mantener este Estado del bienestar ficticio e hipnótico?

Esta reforma fiscal no acarrea rebaja de impuestos (ciñéndonos al cómputo global). La gran reforma se basaría en ampliar decididamente las bases tributarias para que, al final, el pagano no siempre resulte el mismo. Es decir, la clase media, que ya se ha convertido, posiblemente, en la más hostigada y maltratada fiscalmente de Europa. El mazazo impositivo con que el gobierno del PP noqueó a los asalariados, ahorradores, autónomos, empresarios, nada más llegar al poder no queda paliado, en absoluto, con estas medidas de Ladares.

Este Gobierno, que algunos pensaban liberal y conservador, en vez de apretar la tuerca del gasto, sólo usa la llave inglesa para apretar la tuerca de los impuestos, a los que ha bautizado con el eufemismo de 'ingresos públicos'. Estado manirroto, confiscatorio, esclavizado al gasto... Hay tiempo y fórmulas para enmendarlo. Si no lo hace, el Gobierno habrá despreciado la gran oportunidad de poner en práctica seguramente la reforma económica más importantre, junto a la laboral, de toda la Legislatura.

En política, sin embargo, lo que funciona son las percepciones. Y, desde el famoso 'cabo de Hornos', ya se ha instalado la cantinela de 'bajada de impuestos' en vez de 'subida'. Y con esa muletilla se puede llegar cómodamente a las elecciones. Y hasta ganarlas.

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EL VARÓMETRO. Cabreo descomunal en Ferraz por las listas europeas. La lideresa Susana Díaz ledobló el pulso a Rubalcaba y colocó a una Soledad Cabezón de número 3, por encima de López Aguilar. Pepiño Blanco entró de 10 y la ex de Felipez González, a la calle. // Momento delirio de la semana. El ministro del Interior Jorge Fernández hace construir un cuartel de la Guardia Civil en el pueblo donde vacaciona. Más de un millón de euros. // Quieren enviar a Ana Mato a Bruselas. Y a Sánchez Camacho, en el mismo paquete. Se resisten ellas como panteras.


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