A contratiempo

El Gobierno Sánchezstein

Lo bautizó Rubalcaba como ‘el gobierno Frankenstein’. Derivó luego en el ‘gobierno Sánchezstein’. Y de ahí no nos movemos. Pedro Sánchez, fino estilista en el arte de la supervivencia política, va quemando sus etapas, fracaso tras fracaso, consciente de que el único objetivo en el devenir político es seguir vivo. “Sólo hay un placer: el de estar vivo y todo lo demás es miseria”, apuntaba Pavese.

A Pedro Sánchez se le ha enterrado políticamente con tal profusión y entusiasmo que batiría el récord de los obituarios precipitados

A Pedro Sánchez se le ha enterrado políticamente con tal profusión y entusiasmo que batiría el récord de los obituarios precipitados. “Los muertos que vos matáis… Todos hemos incurrido en el más serio de los errores. Menospreciar al adversario.”, reconocen ahora algunos de los activistas de la ‘banda de los Brutos’, esa colla de veteranos y noveles que pretenden sepultar a doce metros bajo tierra al César de Tetuán.

Del ‘marianismo’ aprendió ese pensamiento zen a la gallega consistente en que no hay que moverse más de lo necesario, ni asomar demasiado la gaita, para que no te la vuelen. Pasó el verano relajado y oculto, sin menear un músculo, sin dar que hablar más que por la gorrilla y la tumbona, mientras Rajoy y Rivera se afanaban a la búsqueda de un pacto arduo e inútil. Se desperezó luego, al ruido de la matraca electoral. Protagonizó algunos mítines esporádicos mientras rumiaba su siguiente meta volante.

La ‘banda de los Brutos’ le preparaba una celada infalible tras las autonómicas vascas y gallegas. Sánchez les madrugó con el anuncio de un congreso y una consulta a las bases. Y con su estrategia preferida: ¿Queréis o no queréis echar a Rajoy? Argumento infalible. Sus pretendidos acuchilladores cayeron en su propia trampa el día que le vetaron pactar con los separatistas y facilitar el gobierno de Rajoy. Las dos cosas al tiempo. Es decir, no le permitieron más salida que mantenerse en el puesto y resistir hasta la siguiente prueba de la gincana: las terceras elecciones. Tampoco vale, le respondieron. Entonces, si Rajoy no se va, si Ciudadanos no quiere, no queda otra que el ‘gobierno Frankenstein’. Nunca, jamás, eso ya estaba dicho y sentenciado, le respondieron.

Juega ahora a agitar de nuevo, ante sus verdugos, ese espantajo del gobierno de izquierdas y separatistas para

acollonarlos

En ello está ahora, mientras el tiempo pasa. Juega ahora a agitar de nuevo, ante sus verdugos, ese espantajo del gobierno de izquierdas (del ‘cambio’, ‘alternativo’, antes ‘de progreso’) y separatistas para acollonarlos. Y, justificar, de paso, que la culpa no es suya. “No hay otra opción”, argumenta. “Que se vaya”, quizás le responda algún espíritu valiente y noble, de los que no abundan en el seno de su Comité Federal. Y le dará la risa.

Le hablan de la responsabilidad, la democracia, España, los valores de un partido centenario, el compromiso ético. “¿Mande?”. En estos largos meses de insípidas naderías, de ausentismo gubernamental, de holganza parlamentaria, Sánchez se mueve como pez en el agua. “Tiene ese tipo de aplomo que da la estupidez”, diría alguno de sus rivales citando a Borges. Craso error. En política no hay más objetivo que mantenerse en el poder. Sánchez, pese a sus discutibles luces, a su interminable rosario de fracasos, a sus derrotas sin fin, tiene la clave de este singular juego. “Si mando, riego, si no mando, no riego”, como decía el diputado murciano. Y él, manda. Mientras esté al frente de la secretaría general, es el que dice cómo se hacen las cosas. El que convoca cónclaves, congresos exprés, primarias, secundarias o terciarias. En suma, quien pone las reglas y reparte el juego. ¿Gobierno Frankenstein?, sea. ¿Ménage à trois con Ciudadanos y Podemos? Vale. ¿Vuelta a las elecciones? Como gustéis. Total, él sigue ahí. Dos años ya. Ignífugo e incombustible. Inerme. Como la estatua del jardín botánico. Absorto en su juego favorito: contemplar cómo caen las hojas (del calendario) mientras él se mantiene en el pedestal.

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EL VARÓMETRO. Más folios tiene el informe de la UCO sobre Lucía Figar que el ‘acuerdo de paz’ del gobierno colombiano con las FARC. // Montoro sale de su oscuro rincón para tumbar los presupuestos de Carmena. // Y hablando de… con la excusa de su libro, Guindos concede más entrevistas que Terelu. // La frase de la semana: “La carcajada de ‘Ocho apellidos vascos’ no es decente”. Edurne Portela. Escritora. Al fin.


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