A contratiempo

Galopando hacia la anarquía

Se nos viene la turba, parapetada tras los desahuciados, a los que alienta y enciende. Ada Colau flanqueada por Toxo y Cándido, los sindicalistas cebolleta -vaya tres patas para un escrache- han sido la foto de la semana. Antes fue la de un Verstrynge, a los 64 años, otro cebolleta, haciendo de descamisado de Fuente del Berro, escupiendo consignas a la puerta de Soraya, su vecina. Y antes un Griñán, presidente de la Junta bolivariana de Andalucía, al grito de "que los expropien". A los bancos, dice, donde su gobierno adeuda quinientos millones. Y donde triscaba dietas, en CajaSur, su consejera comunista de Fomento, Elena Cortés, que juega a ser la pasionaria del ladrillo y promueve leyes para usurpar edificios y derribar el de la Constitución.

Se nos viene la turba, parapetada tras el sayal tricolor, hijos de Sabina y Montalbán, republicanismo de todo a cien que confunde el himno de Riego con abre la muralla y a Robespierre con el Guayomin. Pretenden defecar en el Palacio Real, junto al conserje, y montar una guillotina en el Rastro, entre pinchos morunos y quincalla.

Escrachar a un niño

Se nos viene la turba, ya lo ha advertido Felipe González con palabras de arrebato: "Hay una crisis institucional que galopa hacia la anarquía disolvente". Mientras Rubalcaba se monta en el jamelgo andalusí de los Gordillos piqueteros y Odón Elorza juega en el Congreso a travestirse de batasuno de las preferentes, González ("¿por qué un niño tiene que aguantar presión en la puerta de su casa?") ha izado la voz de la prudencia y ha advertido a su descuajeringada tropa que esto no es un juego.

El esfuerzo de la Transición se nos va por el sumidero. La crisis enciende los ánimos. O los chamusca. Los liderazgos están dentro, por el calor de la calle, que arde. Y las instituciones se desmoronan, sin nadie apenas que las defienda. Cierto, podemos entrar en otro momento oscuro de nuestra Historia. Y el Rey, a todo ésto, en parihuelas.

El viacrucis nacional

La izquierda oficial, exánime y exangüe, desempolva el largocaballerismo por ver si engaña a alguien. La izquierda radical ha sacado las teas de paseo para atemorizar burgueses, que entre impuestos y recortes, apenas van quedando. Los nacionalistas ponen fecha a sus plebiscitos delirantes mientras se desangran en su propia ruina y claman contra Madrid. La derecha, acollonada en su egoismo, esconde la gaita y vuelve a ladrar contra Europa, esa superstición, que nos regaña sin pausa porque en Moncloa caminan un paso adelante y dos atrás. Tantos se han subido ya a las barbas de este Gobierno que no cabe ni uno más. Y los de siempre, enseñorados de concesiones y oligopolios,  siguen en sus corruptelas, que dicen negocios, ajenos al doliente viacrucis nacional.

Quizás no estemos ya para consensos, pero sí para la sensatez. Y para tomar decisiones. Si no, entre los acosadores callejeros, los de la tricolor y los del señuelo de Sarajevo independiente, aquí se puede armar un "lío monumental", recuerda González. Y de esto sabe. También sabe el PSOE, Irak, 11-M y todo aquello. ¿Una segunda Transición? Quizás. Incluso puede que aún estemos a tiempo. De las crisis económicas se sale, de las crisis institucionales, más bien no. Vivimos en una cruel pesadilla por cuyas grietas se cuela el infierno. 

EL VARÓMETRO. La imagen de la semana: Patti Smith, ("Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos") saludando al Papa en la Plaza de San Pedro.// Acertó Chaves al abroncar a Elorza por sus gritos en el Congreso.// Los líos en la cúpula de Interior, con un sobrepasado Fernández Díaz al frente, rozan el bochorno.// Cada vez que habla Valenciano, cienes de socialistas rompen el carnet. 


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