A contratiempo

Como Franco, los empresarios no se meten en política

"Usted haga como yo, no se meta en política", le dijo Franco a aquel director del diario "Arriba" que se quejaba del mal trato que le dispensaban los jerarquillas del Movimiento Nacional. Salvando las distancias y rogando perdón por el resurso a tan manoseada cita, algo parecido han recomendado a sus afiliados los presidentes de las dos principales patronales de nuestro país, la CEOE y el Fomento del Trabajo catalán, al recordarle a Artur Mas que "los empresarios no estamos para hacer política". Gran frase, gran cinismo, gran desvergüenza.

Lo mismo dijeron los pobres futbolistas españoles a los que los directivos de la Federación acarrearon impunemente para jugar un partido amistoso en la dictatorial Guinea: "Yo de política no entiendo". Y jugaron. O esos deportistas ucranianos que se mantienen en las nieves olímpicas de Sochi mientras la policía masacra a la población. Sólo la esquiadora Matsoptska y su padre y entrenador, han tenido la valentía de romper el cerco del asentimiento nanar: "Como muestra de protesta contra los comportamientos dignos de matones con los manifestantes, dejamos de participar en los Juegos de Sochi". Y le dieron a Putin y a su títere de Kiev con la puerta en las narices.

Nadie reclama comportamientos heroicos a los empresarios españoles, ni aún a los catalanes. Pero quizás se les pueda demandar un ápice de dignidad. Lo que Rosell y Gay de Montellà le han dicho a Artur Mas, el presidente de la Generalitat que, no lo olvidemos, les lleva a la ruina, ha sido de una tibieza tan escasamente honorable que mueve al sonrojo.

"La clase empresarial no está para hacer política, sino para generar riqueza y empleo. Sólo queremos tranqulidad, necesitamos estabilidad". Y tan panchos. Como si en la Cataluña independiente que perfilan los aventureros de la estelada pudieran seguir ejerciendo su papel empresarial en las mismas condiciones que ahora. Como si "la política" no se incrustara como un obús en sus balances contables, en sus cuentas de resultados, en sus exportaciones, en sus ventas. La comunidad de Aragón, se ha recordado ahora, es el primer comprador de productos catalanes. Luego Francia y después, Madrid.

Dos voces honorables

"Si no te metes en política, te meten", habría que recordarles a esta singular pareja, tan ajena a la realidad, tan acobardada, tan meliflua. En los dos largos años que se prolonga ya el órdago secesionista, tan sólo dos líderes empresariales han sido capaces de decir las cosas claras, de hacerle frente a la pesadilla soberanista. José Manuel Lara, del grupo Planeta, y  José Luis Bonet, de Freixenet, han mostrado pública e insistentemente su rechazo absoluto al plan separatista, con argumentos y con prudencia. No se han escuchado desde otras tribunas empresariales catalanes semejante firmeza.

Importantes representantes del mundo de las finanzas y de la industria catalanas, como Isidre Fainé, presidente de la Caixa, referencia imprescindible en todo este juego de despropósitos, han empezado a abrir la boca hace unas semanitas, con invocaciones al diálogo y al "vamos a llevarnos bien".  Ejemplo apoteósico de ejercicio pusilánime en el que se pretende sacar pecho y esconder la cara al mismo tiempo. Contorsionismo esquizofrénico, pirueta cobarde.

Aplauso general

Los dirigentes empresariales, con sus invocaciones al diálogo sitúan el desafío secesionista de Artur Mas en el mismo plano que la respuesta democrática del Estado en defensa de la ley y la Constitución. Fariseísmo de ocasión que ha sido jaleado unánimemente por casi todos los medios que defienden el ordenamiento constitucional y la legalidad democrática. "Los empresarios rechazan el desafío de Mas", titulaban con unánime soltura. Pues no es exactamente así. Seamos precisos en el análisis. Artur Mas conminó a los empresarios a subirse a su tartana rumbo a la independencia. Rosell y Gay declinaron la invitación. Pero no se revolvieron contra ella. Menos aún fueron capaces de denunciar el camino emprendido por el "President" y el descomunal lío en que les ha metido a todos.

Al menos, eso sí, no le dieron las gracias. O no mantuvieron el pusilánime mutismo que han practicado hasta ahora. El Rey está jugando, sigilosamente, como corresponde, un papel importante a la hora de convencer a los "capitanes de la industria" catalana para que den la espalda al soberanismo. Los recientes cambios en 'La Vanguardia' lo demuestran día a día. Y hay más, menos ostensibles. También Rajoy mueve piezas en este sentido. Algo ha cambiado. Pero lo justo. Y todo en la sombra. Nadie espere de este colectivo empresarial la adopción de una posición inequívoca, clara y contundente frente a una iniciativa inaceptable promovida, para mayor abundamiento, desde una de las instituciones del Estado. El dinero tiene miedo, ya se sabe. Y los empresarios son especialistas en escurrir el bulto, en ponerse de perfíl cuando asoma la tormenta. Desconocen el valor de no usar pretextos.

Sánchez Galán, el mexicano

En el lado opuesto se ha situado esta semana Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, que ha declarado que su compalñía se siente "más mexicana y británica que española". Una bofetada a la política energética del PP y, por ende, a la seguridad jurídica española en el mundo. El enojo de Galán, (este hombre suele incurrir en la esquizofrenia pues es un salmantino que se reclama, a veces, de Bilbao) puede estar justificado. Pero, vehemente como es, se le ha ido la mano en el reproche. No sería Iberdrola la gran compañía mundial que es ahora si no fuera por su nacimiento, gestación, desarrollo y enriquecimiento durante años en nuestro país. Resulta ofensivo recurrir a la artillería pesada contra tu gobierno y hasta contra tu país cuando las cosas no salen como quieres, olvidando los tiempos en los que todo eran facilidades, ayudas y lisonjas. Olvidando los paseos a la Moncloa, las peticiones a los ministros, los favores gubernamentales. Un disparate del que Galán parece ya levemente arrepentido si es que el arrepentimiento encaja en sus valores morales. Amancio Ortega, en este caso, es todo un ejemplo.

El presidente de Iberdrola se pronunciaba contra una iniciativa legal puesta en marcha por un Gobierno votado por la mayoría de los españoles. De ahí lo estruendoso de su crítica. Pero los jerifaltes de CEOE y Fomento no han sido capaces de hacer lo mismo frente a una iniciativa ilegal que pretende destruir una parte del armazón de nuestra convivencia constitucional. La diferencia es notoria.

"No nos metemos en política", han dicho este par de dos. ¡Pero si ya les han metido!. Además, ¿a quién pretenden engañar afirmando que los negocios se hacen al margen de la política? Nunca se alcanza una meta si se pretende vivir en la periferia de la realidad.

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EL VARÓMETRO. Lo mismo que dije una cosa digo la otra. Ejemplar el ministro Fernández Díaz en su rechazo a la pantomina infecta de los títeres verificadores y el mercadillo de las pistolitas etarras. //  Bastante indignidad de Rubalcaba, que fue ministro del Interior, en los penosos episodios de Ceuta. // Esos recién llegados cronistas de fútbol, con su prosa pretenciosa, jactanciosa e invertebrada. // A tres minutos estuvo Cospedal de dejarlo todo y quedarse en Toledo.


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