A contratiempo

Fogonazos de ira en el calvario español

Cayó la primera pieza de caza mayor. Un gran banquero, entre rejas. Un juez desahuciado por impago de alquiler y amonestado por el CGPJ, Elpidio José Silva, lo envió a la cárcel sin apenas darle tiempo de meter en la bolsa un pijama, aunque salió menos de 24 horas después. Impagable la prosa del auto, a lo Ozores: "...el curso causal dimanente de la crisis económica imperante posiblemente condujo al colapso de la entidad". What?

Miguel Blesa, inspector de Hacienda, viejo amigo de José María Aznar, con protección intermitente de la Comunidad de Madrid, tres millones de euros al año, 2,5 millones de indemnización, casi tres lustros en la entidad, pagó con la Justicia por donde menos se esperaba. La compra de un banco en Florida, decisión quizás arriesgada, en la que presuntamente se evaporaron 500 millones.

Caja Madrid, Bankia... nombres que desatan la ira. En los cines abuchean estruendosamente el anuncio de la entidad. A las puertas de algunas sucursales, lloran y cazarolean algunos estafados por las preferentes. Pero el banquero, detestable palabreja para el común, tras ser amanillado y conducido por la Guardia Civil, como un Lute, ya ha dormido en la celda. Junto a Díaz Ferrán, otro que tal.

Nueve juicios abiertos contra entidades financieras, 90 directivos imputados, casi 40.000 millones del presupuesto del Estado enterrado en las Cajas del expolio, es el devastador panorama tras largos años de saqueo en esas entidades públicas en los que ni Banco de España, ni CNMV, ni otros organismos de control hicieron nada para evitarlo. ¿Y los miembros de los consejos de administración? Políticos, sindicalistas, empresarios... allí estaban. Firmando y cobrando. No sabían nada, no leían nada, no se enteraban de nada...

En esta España con 400 imputados por corrupción en la Audiencia Nacional (sólo media docena de ellos en prisión), con 1.600 causas abiertas por delitos referidos a corruptelas políticas y económicas en diferentes juzgados, la ira se desborda y asoma la cabeza la sombra siniestra del juez Lynch y su bizarra aportación a la justicia universal: el linchamiento.

Lío en la pradera

Escraches, acosos, hostigamiento, coacciones, persecuciones, insultos. Hay una rabia popular, hasta ahora contenida, que empieza a mostrarse inquietante, animada impunemente desde organizaciones sociales nada espontáneas y desde medios de comunicación destemplados. A Zapatero se le atragantó la apacible cena junto a su esposa y amigos en un local marbellí cuando algunos personajes absurdos se acercaron a su mesa este puente de mayo y no precisamente para desearle buen provecho. Vimos también muy enojada a la infanta Elena en la pradera de San Isidro, al ser descubierta por los camarógrafos y vituperada luego a gritos por alguna abrupta vecindona. Brotes esporádicos que acaparan horas televisivas. Incidentes aislados que se desparraman sobre las tertulias.

Crisis económica y corrupción forman un combinado letal para una sociedad. Son precisas grandes dosis de sofrosina y de mesura para evitar el descarrilamiento. O eso que el Daily Telegraph elogió desde un titular sobrevenido: "España soporta su calvario con dignidad". Calvario hay, no cabe duda. La dignidad empieza a resquebrarjarse. Pero tranquilos, cesen los espumarajos de la rabia. Un banquero ya ha entrado en la cárcel porque a un juez singularse le antojó "aberrante" la compra de una entidad americana en presencia de un tsunami. ¡Viva Robespierre y gloria a los desacamisados! ¡Queremos el Fortuna para un Splash de Falete! Esto es España, señores, pasen y anímense.

Destellos positivos

Mariano Rajoy reclama insistentemente paciencia, ya vendrá la cosecha. Es ahora su monotema. Y esgrime medidas que no todos entienden y a pocos agradan. Y, peor, que sólo darán frutos, si eso, a largo plazo. Por el momento no avizoramos políticas de crecimiento con rebajas en esas cargas sociales que espantan al empresario. O la pendiente reforma de la Administración, que devora los presupuestos. Tan sólo invocaciones a que todo se andará y que, muy a su pesar, el Gobierno hace lo que hace porque no hay otra.

En fin, más calvario, aunque, eso sí, con algunos destellos positivos muy comentados como exportaciones en alza, competitividad creciente, balanza comercial en números negros... Pero es tal la bronca que hasta algunos de los barones del PP se han contagiado de la zozobra y han enseñado mínimamente los dientes. "Nadie lo niega, estamos en el peor momento, de la peor etapa", confesaba un importante fontanero de la Moncloa en el reservado (¿dónde si no?) de un restaurante madrileño. "Pero la situación de España es como Casa tomada, ese fallido cuento de Cortázar. Desasosiega pero no espeluzna". Un consuelo.

EL VARÓMETRO. El ministro Wert, boga y boga en un lago de mediocres // Tomás Gómez "afirma su rumbo hacia la mierda". Borrokismo en la Asamblea de Madrid. // Margallo mosquea a Morenés. Y a alguno más // Lo de Marlaska y el permiso al etarra asesino Lasarte, no se enciente // Prudencia, Cifuentes, te están esperando // Elena Valenciano tiene ese tipo de aplomo que frecuentan los necios.


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