A contratiempo

¿Por qué España no explota?

La pregunta se la formulaba el rotativo francés Le Monde, que aunque conoció tiempos mejores, de vez en cuando aún acierta. ¿Cómo es posible que España no explote con una tasa de desempleo del 27,16 por ciento? Cifra estremecedora, devastadora como dicen ahora los adjetivadores de la nada. Aterradora. Un país en el que 16 millones de personas trabajan para otros 15 millones (desempleados, clases pasivas) y para más tres millones de empleados públicos, resulta inviable.

La respuesta que expertos, sociólogos, economistas y demás oteadores de lo cotidiano ofrecen al rotativo galo es que si España no se ha hundido ya es merced a la estrecha red de apoyo familiar y a la economía sumergida, en crecimiento constante alegremente impulsada por la desaforada carga fiscal de nuestro Gobierno.

Fracaso histótico

Triste y seguramente injusto título para Mariano Rajoy, el de convertirse en el presidente del Gobierno español que ha superado la atroz barrera de los seis millones de parados. Triste porque, en su gélido y distante conformismo, nunca pensó que se llegaría a ésto. Injusto porque no es culpa exclusivamente suya. Herencia desastrosa y una sociedad que algo ha tenido que ver en este declive crepuscular. Los seis millones largos de dramas cotidianos son la constatación de que España ha fracasado como empeño colectivo, como país, como proyecto de convivencia común. Cierto, este Gobierno supuestamente de centro derecha venía a corregir los disparates del zapaterismo. Pero ni ha sabido, ni ha podido. No ha sabido porque está demostrando que su proyecto no existía y que de haber existido, ha tenido que modificarlo diariamente a la vista de que la realidad lo achicharraba. Es el famoso "yo no quería, pero...". Y no ha podido porque, en efecto, nuestro entorno europeo poco ayuda a la recuperación y a escapar del tenaz cerco de la recesión. Media Europa está en recesión y la otra media es Alemania, que crece lo justo para evitar la asfixia.

La teoría de que ya se ha hecho todo lo que se puede hacer y ahora el balón está en el terreno de Bruselas, del BCE o de Merkel es la peor de las actitudes para afrontar el reto de la recuperación

Estábamos a dos centímetros del default cuando Rajoy tomó las riendas y logró esquivar el precipicio. Pero con eso no basta. La teoría de que ya se ha hecho todo lo que se puede hacer y ahora el balón está en el terreno de Bruselas, del BCE o del Gobierno de Merkel es la peor de las actitudes para afrontar el reto de la recuperación. La autoindulgencia es posiblemente el peor de los pecados de este Gobierno. Nunca lo aceptarán, porque detesta escuchar las voces menos complacientes. Se equivoca, hay discordantes que no necesariamente pretenden que se hunda Mariano, pero no lo entienden. Debería escuchar, por ejemplo las voces de miles de jóvenes y no tan jóvenes con ganas y conocimientos para montar una pequeña empresa que se topan de bruces con una legislación abstrusa y absurda que complica o impide cualquier tipo de iniciativa. Estrangulan el futuro, dinamitan la esperanza. Y eso es grave.

Costes sociales

Se ha hecho una reforma laboral, sí, tímida y algo pacata. Pero no se ha preguntado a los empresarios, a los jóvenes emprendedores para desarrollarla, impulsarla, convertirla en una platarforma de creación de riqueza y empleo. Es una legislación elaborada por políticos, sindicalistas y consultores asilvestrados en aras de ese bien supremo, mortífero y falsario, de la paz social y el consenso. No hablamos de rigideces de despido o de indemnizaciones estrambóticas, que ya no estamos en eso, aunque Bruselas quiere rebajar los 33 días del despido improcedente. Hablamos de las elevadísimas cargas sociales, del orden del 35 al 40 por ciento de pagos al erario público que le supone a un empresario tener contratrado a un trabajador. Este es uno de los elementos disuasorios definitivos a la hora de reforzar plantillas o crear empresas. Algunos pellizcos de monja exhibe el Gobierno en este terreno. Fruslerías para acallar su mala conciencia. Un Gobierno liberal conservador, como se supone que es el del PP, debería atacar urgentemente este aspecto, tantas veces prometido. Ya sabemos, a Montoro le daería un pasmo.

No hablemos del empleo público, que está bajando, cierto, pero que paralelamente ofrece un aumento insoportable en esas empresas públicas que nadie cierra, sino todo lo contrario. Hay que tener bien colocados a los amigos, cuñados, militantes y colegas de partido. En éste vicio nefando incurren todos los gobiernos, bien sea Central o periférico.

Medidas pendientes

Nadie cierra las empresas públicas, porque hay que tener bien colocados a los amigos, cuñados, militantes y colegas de partido. En este vicio nefando incurren todos los gobiernos

Y qué hacer, además de fiar nuestra suerte al apoyo familiar, que ya no da más, o a la actividad económica opaca al Fisco. Pues, para empezar, una reforma fiscal drástica e integral, que nos aleje de los vaivenes insoportables con la que castiga al maltrecho contribuyente, en un goteo sulfúrico, el ministro de Hacienda. Políticas activas de empleo, por ejemplo, al estilo alemán. ¿Es pecado hablar de los minijobs cuando aquí estamos sumergidos en el underjob, extrajob u off-offjob, ese trabajo que no cotiza, que no aporta, que no contribuye al sostenimiento del Estado? La demagogia sindical ha ganado aquí el discurso y la batalla. Modernizar de verdad el sistema de pensiones, en las antípodas de lo que se nos viene encima. Y algunas menudencias más, como suprimir duplicidades administrativas y cohesionar el mercado nacional, demoliendo barreras ficticias y normativas finiseculares. Y así sucesivamente. Todo eso que, amentablemente no ha incluído en uevo paquete de medidas que el Ejecutivo anunció el viernes. Sólo se escuchó la constatación de que no habrá crecimiento de empleo hasta el fin de la legislatura y que nos esperan nuevos impuestos por la puerta de atrás.

Para evitar que España explote, o, sin dramatismos de título periodístico, para frenar un hundimiento que parece imparable, hay mucho por hacer, además de incurrir en cargas fiscales  y pedirle al BCE que le dé a la manivela de imprimir papel moneda. Impulsar el crecimiento, la gestación de empresas, la ayuda a quien quiere abrirse camino en el páramo son los mensajes que tantos esperaban escuchar de quienes, con su mayoría absoluta, tienen aval parlamentario para hacerlo. Nos hemos quedado en el regate corto, en las invocaciones a la fe, en las apelaciones  al sacrificio... ¿Alguien del Gobierno ha cogido recientemente el Metro?

EL VARÓMETRO. Impecable labor de Cristina Cifuentes, la delegada del Gobierno en Madrid, en el chusco episodio de sitiar al Congreso // Grande-Marlaska gobierna con mano firme los protagonismos fuera de lugar de algunos magistrados de la Audiencia Nacional // Sólo los malos datos de la EPA nos recuerdan la gestión no tan eficaz de Luisa Fernanda Rudí. ¿Qué pasa en Aragón?


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