A contratiempo

España: ahora toca actuar

La democracia, decía Carlyle, es la desesperación de no tener héroes que les dirijan. Pero España no está ahora precisamente necesitada de héroes. Ni de líderes arrebatadores. ni de iluminados ni de profetas. Hemos llegado a uno de los momentos más tenebrosos, desazonadores e inquietantes de nuestra historia precisamente tras al Gobierno de un personaje felizmente irrepetible, cerril, de formación débil que se creyó convencido de que iba a transformar el signo de nuestro devenir histórico para elevarla a cotas inesperadas.

Efectivamente, no necesitamos héroes ni políticos prometeicos. Ya hemos visto adónde conducen semejasen personajes. España votó ayer masiva y apaciblemente, con menos entusiasmo que en otras oportunidades pero con la convicción de que nada de lo que ha ocurrido estos últimos ocho años ha sido ni edificante, ni estimulante, ni constructivo, ni útil. España se ha volcado tras el banderín de enganche que representa Mariano Rajoy y e su Partido Popular precisamente por eso, porque nuestro país está precisamente necesitado de políticos honestos, conocedores de la realidad, sensatos, prudentes y laboriosos.

Zapatero pretendió darle la vuelta a nuestra Historia como si fuera un calcetín, abonando los enfrentamientos enconados que ya habíamos superando y demoliendo los puentes de diálogo y convivencia de los que nos habíamos dotado a lo largo de un esforzado proceso de transición. Ayer, las urnas arrojaron la victoria de los que Camus llamaría "los justos", gente corriente que está convencida de que sólo mediante el trabajo y la entrega humilde y cotidiana es posible sacar adelante la tremenda labor que tienen por delante. Mariano Rajoy está ahora obligado a seleccionar a los mejores entre los suyos, a dotarse de un Gobierno de figuras incontrovertibles, de confianza, que generen credibilidad y que impongan respeto en su entorno.

Primero deberá organizar un equipo de gestión eficaz para llevar a cabo cuanto antes las delicadas tareas del relevo administrativo y político. Nombres intachables, que sean capaces de sintonizar con una sociedad que ha pedido a gritos un cambio drástico y que, al mismo tiempo, sean capaces de transmitir serenidad e ilusión tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Hay que dirigirse a todos los estamentos de la sociedad española, hay que sumar voluntades, hay que recomponer consensos. Hay que hilvanar ya una comunicación intensa y predecible con los gobiernos europeos, hay que tranquilizar a los líderes de nuestro entorno, a los mercados, a Merkel, a Sarkozy.

Hay que anunciar ya un paquete de medidas económicas urgentes para no dejar ni un minuto a la elucubración y a la impaciencia. Iniciativas que, inexorablemente, tienen que ir dirigidas a recomponer el mercado laboral, a organizar las reformas que están pendientes, a demostrar pública y palmariamente que hay un programa serio y bien estructurado para que España vuelva a contar entre los países con los que se puede contar dentro de la eurozona, para huir del infierno de los devaneos angustiosos de las escaladas de la prima de riesgo y del precipicio inexorable del pago de nuestra deuda.

Cada ocho años, la sociedad española vota un cambio, quizás por tradición o por inercia.Esta vez ha sido por una imperiosa necesidad de evitar el abismo al que nos veíamos abocados. La responsabilidad ahora ha recaído en un político experimentado y prudente, que ha huído de la demagogia, las falsedades y las promesas inalcanzables. Todos sabemos cuanto nos jugamos en estas horas decisivas, en estos momentos cruciales. Hay desánimo y desazón, ya lo hemos visto en los ´índices de participación. Pero también hay una voluntad colectiva de no dar este partido por perdido. España es un país muy grande, una nací que ha dado muestras, cuando ha sido necesario, de que sabe arrimar el hombro y ponerse a trabajar. El hundimiento del PSOE es la lógica factura a una gestión calamitosa y prepotente. Ahora toca hacer política. Con mayúsculas. Política de la de verdad, no ocurrencias vanas o inventos delirantes. No va a necesitar el PP el concurso

de los nacionalismos periféricos que siempre han restado más que sumado. Ahora no hay excusas. Hay que tomar el timón, aferrarse firmemente a él y tirar hacia adelante. Desde hoy mismo. España no puede esperar. Anoche Rajoy habló de convocar a todas las fuerzas políticas para acelerar los plazos y los tiempos. Ese es el camino, la línea, ese es el verdadero programa. Pese a la mayoría absoluta. Contar con todos. El estilo de la casa, sin sectarismo. Tan necesario.

Que así sea.


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