A contratiempo

Elogio de la sensatez

Tal es la sobredosis de dogmatismo que nos invade que buenos sería colocar en cada tertulia, en cada mitin, en cada comité ejecutivo, en cada en cada consejo de Ministros, la máxima que les dedicó Constantino al obispo Alejandro y al sacerdote Arrio, cuando discutían sobra la forma en que el Logos es una emanación del Padre: "Sois grandes locos por disputar sobre cosas que no podéis entender".

En las campañas electorales, además del desgaste de neumáticos, de horas de telediario y de fraseología vana, se incurre en un abundante dogmatismo. Todo el mundo pretende tener razón. Todo el mundo está en posesión de la verdad. Sin atender al consejo de Voltaire: "A menos dogmas, menos disputas. Y a menos disputas, menos desgracias. Si esto no es verdad, estoy equivocado". O sea, para ti la perra gorda.

"El cambio sensato" que propugna Ciudadanos suena bastante bien porque emana de la humildad y esquiva la prepotencia. Esto es, justo lo contrario de Monedero explicando sus problemas con Hacienda. La sensatez está minusvalorada. Se prefiere más la audacia, el riesgo, la osadía y hasta la temeridad. Lo sensato pasa por ser aburrido, pedestre y hasta pastueño. A alguien se le dice sensato cuando se le quiere llamar mediocre o gris. Igual que a una mujer poco esplendorosa se la califica de "buena chica". O a una chapuza impresentable se la bautiza de "buen trabajo". Buen trabajo, las dos palabras que, por paralizantes, indulgentes y acomodaticias, pueden hundir cualquier carrera, como decía el sádico profesor de 'Whiplash'.

Dos virtudes sin cartel

Es posible que la sensatez resulte poco sexy y, por ende, carezca de tirón electoral. De ahí lo reseñable del eslogan de Ciudadanos, cuyo líder, por cierto, es demasiado joven para esgrimir el calificativo de sensato como un valor añadido. Mayor mérito aún. Mariano Rajoy siempre ha presumido de tener sentido común, que una de los rostros más pulcros de la sensatez. Y presume también de resultar previsible, otro adjetivo perezoso que alienta al bostezo. Pero ninguna de esas dos virtudes las ha elevado jamás a la categoría de lema electoral. Seguramente sus consejeros en marketing político no los consideraban lo suficientemente atractivos como para movilizar a la opinión pública o para concitar masivas adhesiones.

Monótona decencia

Ser sensato implica tener los pies en el suelo, no prometer más de lo debido, plantear soluciones a los problemas (no al revés) y, en suma, saber deletrear la realidad sin imposturas y sin incurrir en espasmódicas interjecciones. Es decir, todo lo que no se traduce en cuota de pantalla. Suena aburrido y lo es. Como la democracia, que es lo más parecido a la prosa de Azorín, un cierto orden, una austeridad sencilla y, en suma, una monótona decencia.

En tiempos de salvapatrias, vendedores de humo, agitadores de utopías, falsarios irreductibles, asaltadores del cielo y espartacos de todo a cien, bienvenidas sean unas pequeñas dosis de sensatez. A todos esos pregoneros de la quimera no les vendría mal recordarles que el infierno, según Connolly, "es el lugar en el que te hacen escuchar eternamente todo lo que has dicho en tu vida". Ahí les quiero ver.

-----------------------------

EL VARÓMETRO. "Queremos construir una España a la que podáis volver", dijo Iglesias en Nueva York. Vergüenza ajena entre el público del Centro Español en Queens, jóvenes estudiantes, profesionales. No emigrantes de Juanito Valderrama. // El futuro de Rato se adivina negro como su tarjeta. // Isabel García Tejerina, la gran sorpresa del Gobierno. Alfonso Alonso, más bien no. // Ganaron Arriola y Zapatero: la ley del aborto sigue intacta. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba