A contratiempo

Educación, Educación, Educación

Tony Blair ganó las elecciones de 1997 con un eslogan bien sencillo y escasamente trillado por los socilistas europeos: "Educación, Educación, Educación". Ni justicia social, ni Estado del Bienestar, ni igualitarismo, ni machacar a la derechona. Blair hizo hincapié en algo obvio que por aquí se desprecia. Un país sin un sistema educativo competente está condenado al fracaso.

Una vez en Downing Street, Blair, lejos de arrinconar o desarbolar la política educativa desarrollada por su predecesora, Margaret Thatcher, la desarrolló y profundizó. Se situó para ello en las antípodas de lo defendido por los laboristas británicos en los sesenta, un cúmulo de teorías socializantes y buenistas que luego por aquí sirvieron de inspiración a nuestros 'maravalianos' (de José María Maraval) para perpetrar la Logse, esa desastrosa tabla de la ley que ha guiado el sistema de enseñanza en nuestro país durante dos largas décadas hasta arrojar a nuestros alumnos al furgón de cola de todos los informes Pisa y similares.

Reformas y novedades

'Es la educación, estúpido', cabría recordarle ahora a nuestros afanosos políticos que se disponen a adentrarse en un ciclo de año y medio electoral, con tres importantes citas en las urnas, más algunas fuera de programa (¿Andalucía, Cataluña?). Seamos escépticos. No harán caso.

La Educación apenas logra conmover a nuestro escenario mediático. José Ignacio Wert, el ministro peor valorado por el CIS y por sus propios compañeros de Ejecutivo, empujó abruptamente la puesta en marcha de una ley de reforma de Educación que, tras consensos y recortes, ha resultado un leve apunte de lo que pretendía. Derrumbó enormes disparates del zapaterismo y, de paso, entoñó la asignatura de Filosofía, vaya prodigio.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en un gesto insólito y kamikaze, ha tenido la feliz ocurrencia de suscribir un convenio con once universidades (la Complutense del hijo de Carrillo se lo está estudiando) para enducer los criterios de acceso para los aspirantes a estudios de Magisterio. Si nuestros estudiantes son pésimos, algo habrá que decir de nuestros docentes, que sólo se agitan cuando les cargan tres horas más en sus calendario lectivo.

Camisetas verdes

Nada especialmente riguroso se antojan las nuevas normas. Quienes aspiren al título de mestro deberán obtener al menos un 9 sobre 14 (es decir, un 6,4) en la asignatura de Lengua Castellana o Literatura en la Selectividad. Es decir, se les exigirá que sepan leer y escribir con mediana corrección y que incluso tengan algún conocimiento sobre quiénes fueron Quevedo o Pérez Galdós. ¡Vaya ocurrencia! En nuestro entorno de burricie escolar, incluso suena a provocación.

Al leer el enunciado de los nuevos criterios, ('duros', al decir de algún rotativo nacional), es inevitable pensar en cuáles eran los que hasta ahora se exigían a nuestros aspirantes a maestros. ¿Conocer que huelga va con hache? ¿O que el verde de sus camisetas sindicalistas se escribe con uve?

Lucía Figar, consejera de Educación de la Comunidad madrileña, tiene la endemoniada idea de elevar el nivel de los educadores para que así, se supone, también lo hagan los educandos. Hace dos años, su departamento hizo públicos los resultados de las oposiciones a maestro, que suspendió un 86 por ciento de los presentados. Un panorama desolador.

La iniciativa de Figar, de momento, ha sido relativamente bien acogida por los rectores, ese club adocenado, hermético y excluyente que viaja en coche oficial con chófer a cargo del erario público. Sin duda su aceptación de las nuevas normas pueda deberse a que la Comunidad ha establecido unos incentivos de 1,5 millones de euros para los centros que cumplan con mayor rigor y exigencia las nuevas disposiciones.

Suena casi a insensatez recordar ahora que la Educación, Educación, Educación, ha de ser uno de los pilares de una sociedad moderna y desarrollada, como certeramente propugnó el visionario Blair.  Por aquí a los maestros los llaman pedagogos y la Enseñanza es una matraca que nos arruina el presupuesto.

---------------------------------------

EL VARÓMETRO. Sólo Savater, Camacho y Espada han atinado al abordar el fenómeno de 'Ocho apellidos vascos'. // Smash inapelable de Rafa Nadal al tontiloco periodista que le reprochaba su defensa del 'juego limpio' siendo seguidor del Madrid. // ¿Porqué pretende Ana Mato mandarnos a la cama una hora antes? ¿No tiene nada mejor que hacer?. // Más que miedo, pavor da pensar en algunos jueces. // Tras Cervantes y Colón, ahora también Erasmo de Rotterdam era catalán. ¿Está Rotterdam cerca de Mataró?


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba