A contratiempo

Doña Marta y los palmeros

"Tranquilo, que esto se olvida", le dijo Marta Ferrusola a su esposo, en su refugio pirenaico, donde se ocultaban del terremoto sobrevenido tras el estruendo de 'la confesión'. Algo parecido le había comentado don Juan Carlos a Pujol cuando el 27-F: "Tranquil, Jordi, tranquil".

Otro 23-F, dos décadas después, Jordi Pujol comparecía ante el sucedáneo de sesión de control del Parlamento catalán. Una colla de diputados ejerciendo de siervos de la gleba, de palmeros si ritmo, salvo honrosas excepciones, se disponía a recibir otro sonoro rapapolvos del amo de la esa masía en la que la familia Pujol ha convertido a Cataluña.

Pujol padre ignoró con desprecio a la miserable comisión. Hasta se permitió hacer bromas chuscas, a lo Martínez Soria. Cuando se le acabaron las pilas del sonotone, le comentó al presidente del enjuague, David "el pantuflas", tal y como le llaman por allí: "No pasa nada, total, para lo que hay que oír". O sea, bien tranquilo, Jordi.

Pero la revelación de la jornada fue Marta Ferrulsola, la dona y la mamma de la saga. Llegó para no decir nada, para mecerse tranquilamente en el silencio mientras los allí presentes hilvanaban preguntas elementales, rebosantes de almíbar y cortesía. Ella, con algo de pescatera de la Boquería (con perdón de las pescateras) respondía a la pata la llana lo que le venía en gana. "No tenemos ni cinco", fue el resumen de su comparecencia.

"Váyase a la mierda", le había sugerido, en esa línea amable, unos meses antes, a un periodista que hacía guardia ante su casa de la ronda del General Mitre. Luego, tras haber atendido algún consejo sensato, pidió perdón. Una señora que no hablaba ante los diputados pero que ha hablado, y mucho, a lo largo de cinco lustros, cuando era la doña y casi dueña de Cataluña y metía a sus hijos hasta la cocina de la Generalitat y más allá, para sus componendas.

"Nos han echado de casa"

Lo contaba ante la comisión Ramón Pedrós, inteligente periodista que asistió, como jefe de Prensa del president, a episodios  inconcebibles. "¿Se siente usted frustrada como madre cristiana a la vista de los negocios de su familia?", le deslizó suavemente un diputado de izquierdas, por ver si le tocaba la fibra sensible. "Si van con una mano delante y otra detrás", respondió. Pero sin especificar si es que estaba en cueritatis o hacían el egipcio, arrapiñando fondos públicos a base de alegres comisiones. Un tres por ciento para el partido y un dos por ciento para la familia, se ha publicado ahora.

La llegada del tripartito

Mostró un desparpajo singular. Casi rozó su propia caricatura. Ferrusola siempre ha opinado de los asuntos políticos que concernían a su esposo. La Generalitat era su cortijo y Cataluña, su parcela. "Nos han echado de casa", declaró cuando tuvo que abandonar el Palacio de la Generalitat tras la victoria de Pasqual Maragall, que llegaba con el tripartito debajo del brazo. "Cataluña no se merece esto", fue lo más sonoro de su comparecencia. Al más puro estilo Pujol, envuelto siempre en la senyera y ahora quizás en la estelada. Quien ataca a los Pujol, ataca a Cataluña. Así es desde los tipos de Banca Catalana. Un estropicio que se ha prolongado formalmente durante 23 años. Y aún sigue...

De nada sirven las comisiones parlamentarias, tan útiles como una bicicleta en alta mar. Pero ésta performance que tiene lugar en el Parlamento catalán está ofreciendo pasajes muy singulares. La soberbia de Pujol ya era conocida. La chulería de su primogénito fue un descubrimiento. Con semejante cuajo y con tal soltura en repartir bofetadas de desprecio a sus interrogadores, parecía perfilarse como el hombre llamado a suceder a su padre. Ni Oriol Pujol, enredado en corruptelas tan descaradas como las ITV, ni el desbarajustado Artur Mas, apoteosis de la incompetencia. Napoleón sólo tenía un deseo: el amor a la gloria. Estos Pujol tenían otro, que no era precisamente el amor a su país, como proclamaban, sino el amor al dinero.

A los Pujol les ha llegado la hora de rendir cuentas. Y lo hacen a su manera. Desde la atroz arrogancia y el hiriente insolencia. Veinticinco años después, siguen pensando que Cataluña es suya. Y los demás, unos absurdos palafreneros. Quizás algún juez opte por poner las cosas en su sitio. Habrá que verlo.

EL VARÓMETRO. El caso es que Castro recibió a Zapatero y a Moratinos, no. // Vistos los dineros de algunos de sus compañeros, Monedero es un pobretón. No es Podemos un partido de obreros, en efecto. // Y el CIS sentencia que Sánchez ganó a Rajoy. Pues no habíamos reparado. // Tanto ruido mediático en torno a Ciudadanos puede acabar en gatillazo.


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