A contratiempo

Demasiado tarde para las lágrimas

A un ministro del Gobierno se le escaparon las lágrimas, ante un reducido grupo de periodistas, cuando salió en el almuerzo el asunto de Cataluña. El 9-N, el referéndum que nunca existió para Rajoy, ese trampolín con el que nunca Mas soñó, ha resultado un asunto demoledor. Una especie de principio del adiós, de que ya empiezan a soltar las amarras y no está claro que alguien las quiera sujetar. Todas esas cosas que merecen lágrimas.

Artur Mas se plantificó esta semana ante un auditorio adornado con 3.000 personas, casi todas ellas con cargos y sueldos públicos, paniaguados del régimen, saltimbanquis de la Generalitat, intelectuales de atrezzo, para anunciar que, después de dos años de jugar a la puta y la ramoneta con el referéndum, pretende ahora pasar otro año y medio haciendo lo propio. Es decir, de trilero.

La escenografía era de una solemnidad fatua y hueca, con esa pretensión de convertir en histórica cada comparecencia pública del president convertido cada vez más en un estrambótico caudillo que pretende tan sólo los vítores y la aclamación. Tanto, que en su plan para los próximos meses after 9-N planteó como primera providencia la celebración de unas elecciones plebiscitarias en las que el bloque soberanista se presente sin partidos. Es decir, el movimiento nacional, con un sólo programa, un solo líder, un sólo color y un sólo objetivo.

Un auditorio y una desmesura

Tal planteamiento, en un entorno democrático, no suena nada bien. Un rayo de luz cenital bañaba la efigie del gran conductor mientras anunciaba su singular programa. Una senyera a su espalda ejercía de único elemento ornamental en un inmenso escenario. La desmesurada sala aparecía a oscuras. Oriol Junqueras, en primera fila, quizás lloraba. Mas, flamante vincitor del plebiscito y laureado con la orden de la querella de Madrid, sacaba pecho. Casi levitaba. Habló tan sólo para los dos millones de catalanes (según las últimas estadísticas) anhelantes de huir de España. El resto de los cinco millones, ni siquiera recibieron un saludo de cortesía. Al cabo, son españoles, gente que aquí no cuenta.

Ocho de cada diez interrogados días después sobre la azarosa propuesta del president apenas acertaban a exponer sus conclusiones. Nadie se enteró de nada. De si elecciones anticipadas, si plebiscito electoral, si acabar la legislatura, si elecciones constituyentes. Sólo entendieron una cosa: que Mas es el que manda y que apenas tiene oposición. Sus legiones cívicas engrasadas con dinero público, la ANC y Omnium, guardan, envuelven, secundan sus pasos. Y pobre de aquel que no se sume al 'proceso'. Le pasará como a los botiguers de Tarragona que osen colocar un torito o una sevillana en su escaparate. Vendrán las huestes de Forcadell y, a ponerse en lo peor. O a las animosas burbujas de Freixenet que, por incluir en su mensaje navideño la palabra 'juntos' (antítesis de secesión, de separación, escisión, independencia, ya se sabe) corren el riesgo de fenecer sepultadas por el boicot. Nacional, eso sí.

Lloraba el ministro, y no es para menos, consciente de que Artur Mas acaba de abrazar la independencia como único horizonte de Cataluña mientras en Moncloa juegan a pretender de Arriola un Kissinger y de Moragas un Taleyrand. Quizás sea ya tarde, incluso para las lágrimas.

EL VARÓMETRO. Ni Oliú ni Fainé (Sabadell y laCaixa) en el acto refundacional de Artur Mas ante sus fans. No secunda la banca. // Mercé Pigem, la vocal del CGPJ, tan sólo cumplía con la tradición. Pero al revés. El dinero venía de Andorra y no salía hacia...// Con enojo manifiesto responde viceSoraya cada viernes las preguntas de la periodista/delegada de la Generalitat en Madrid. // Fusilaron mediáticamente a Acebes. Tras la exculpación, unos breves, para compensar. 


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