A contratiempo

Contubernios y puñaladas

Estábamos hasta ahora entre el contubernio judeomasónico y el de Formentor, ambos en años pretéritos y franquistas. Pero se amontonan ahora otros más zafios y pedestres, signo de los tiempos. De varios se han dado noticia en los últimos días. El más estruendoso, sin duda, el del salón Kitty barcelonés, más por su heterogénea concurrencia que por su amplia repercusión, que buena maña se han dado en acolcharlo con burda capa de sordina.

Allá concurrieron, de acuerdo con los escasos trascendidos que nos han llegado, desde un general inspector, un alto mando de la Guardia Civil, el fiscal mayor de Cataluña, políticos de casi todas las tendencias, mayormente nacionalistas, empresarios de todos los sectores, mayormente independentistas y un exjugador de rugby, que oficiaba de anfitrión y que en su día fue el jefe de protocolo de Pujol padre, el defraudador. ¿Y qué hacía esa gavilla tan dispar, ese grupo tan diverso, en un club de nombre tan explícito y en un cónclave tan curioso? Nada nos han dicho al respecto. Apenas trascendieron algunas líneas en muy escasos medios y punto final. Ni el ministro de Defensa ha informado sobre el particular, ni menos aún el alto mando de la Guardia Civil. De la fiscal general del Estado, recién aterrizada en su cargo, no cabe siquiera sospechar que se haya enterado en qué pasos anda su subordinado. Extraño cortubernio, en efecto, en una Cataluña hipnotizada por un gobierno delirante e inútil y una sociedad anestesiada a la espera de que alguien les apee de esa agobiante pesadilla.

En la mansión de Bono

Pero el encuentro secreto más sonado, el amago de contubernio que más ha sacudido la actualidad política ha sido el que tuvo lugar en la mansión de José Bono, y que acogió a Rodríguez Zapatero con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, líderes de Podemos, el partido incipiente en las encuestas. Un García Page también pululaba por allí. Se conoce que es quien servía los cafés. Esta singular tenida lo fue, por parte de Zapatero, a espaldas del secretario general de su partido, Pedro Sánchez, quien, al enterarse, se sintió apuñalado por un supuesto correligionario.

Finalmente también trascendió otro encuentro mantenido por Susana Díaz, a quien Zapatero llama 'Díez' al igual que Rajoy llama 'Díaz' a Rosa Díez, con algunos correligionarios como Felipe González y algún otro. Esta última sesión sería la menos chocante ya que, en ella, al cabo, tomaban parte gentes del mismo color político. El problema es que se supone que esta soirée también fue secreta y perseguía, al parecer, el mismo objetivo que la amañada por Bono, es decir, degollar políticamente a Pedro Sánchez, el hombre a quienes casi todos los que en su partido fueron algo quieren ahora fumigar. ¡Vivan las primarias! Seis meses le han dado de paz y tranquilidad al pobre secretario general del PSOE, quien feliz sería si le permiten llegar hasta las autonómicas en su despacho de Ferraz.

Lo más perverso de estos encuentros sigilosos y ocultos, quizás aún no contubernios, es la personalidad de quien organizó el segundo de ellos, es decir, José Bono, quien fuera ministro de Defensa y, ahora, apartado de los organigramas del poder, que sigue empeñado en convocar encuentros con políticos, con periodistas, con empresarios africanos, con urdidores de constituciones y hasta con hilanderas, pongamos por caso.

Sabido es que Bono miente más que habla, como diría Pedro Sánchez. En su tierra le tienen por un simpático tramposo, o al menos es lo que la gente de por allí te informa en cuanto te acercas a las tierras manchegas. Su explicación de cómo se forjó aquél ágape en su residencia puede incorporarse a la antología de las falsedades más mendaces de que tenemos noticia.

El rostro de la mentira

Eso sí, hilvana sus embustes con tal soltura que quizás él mismo termina por creérselos. El capítulo de Montaigne sobre 'Los mentirosos' le cuadra al pelo, con perdón. "Si la mentira tuviera, como la verdad, un único rostro, nos llevaríamos mejor. Porque daríamos por cierto lo contrario de lo que dijera el mentiroso. Pero el reverso de la verdad posee cien mil figuras y un campo indefinido". Así es efecto. Aunque los mil rostros de la mentira podrían concentrase en uno, en el de Bono, a quien parece que no le afecta que le repasen sus engaños. Quizás lo tenga asumido. El problema es que es también verborreico y ya se sabe que quien mucho habla mucho yerra y por la boca muere el pez. No se da cuenta Bono de que el lenguaje falso es menos sociable que el silencio. Tiene a su favor, eso sí, que consiguió granjearse la simpatía de un buen puñado de periodistas cuando ejercía el mando, bien civil en Toledo, bien militar o congresual en Madrid. Y por eso sus patrañas apenas reciben reproche en los medios. Y luego, es tan simpático. De esa simpatía que rasca como una lija, en la escuela de su mentor, Tierno Galván, otro que tal y descanse en paz.

Bono se ha sumado activamente a la cohorte de viejos socialistas que quieren cargarse al niño Pedro, antes 'el guapo' y ahora algo desmejorado. Ellos sabrán lo que hacen, pero no está el PSOE en buenos momentos para contubernios desleales o para puñaladas de Bruto. En su afán por desportillar a Sánchez han dado en convencerse de que la salvación está en el Sur, donde reside Susana Díaz, experta también en apuñalamientos políticos, en especial de sus tutores, padrinos y valedores.

La política se nos está quedando en una apestosa mezcla ente los contubernios y las puñaladas. Fértil y abonado terreno para que trisque a sus anchas gente sin demasiados principios. Bono, fariseo y enfático, se ha convertido por unos días es prototipo del hombre del que hablaba Malraux: "Un miserable montón de mentiras". De Zapatero, mejor ni mentarlo. Hasta Montaigne se quedaría corto.

EL VARÓMETRO.- Esperanza es, sin duda, la más jaleada por los pasillos de la Convención del PP. // Ni caso ya a Vacárcel, desde que dejó la presidencia de Morcia se ha quedado en nada.// Pablo Casado, nuevo portavoz, es el único con cara de joven de los tres mil asistentes al cónclave popular. // Cristina Cifuentes tiene cara, en efecto, de estar en algo.


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