A contratiempo

Chacón y Cospedal: en la línea de fuego

Chezchez la femme. Pareja de damas en ebullición. Distintos perfiles, distinto nivel profesional, distinto carrera política. Pero, al margen de Corinna la "maîtresse", de boca en boca y de portada en portada, Chacón y Cospedal son las mujeres del momento. Sus partidos andan revueltos y las navajas brillan con intenciones cainitas.

La ambición de Carme

Carme Chacón, la niña de ZP, dos veces ministra, experta en marketing y en mensajes huecos, ha dado un paso al frente echándose a un lado. Ni apoyó, ni rechazó ni se abstuvo en el voto soberanista que secundó su báculo, el PSC, esta semana en el Congreso. Simplemente, no votó. "Deserción", clamaron sus compañeros catalanes que ahora le reclaman el acta de diputada. El hilo que antes les unía ahora es un muro, una cordillera, o una tumba.

Chacón, de nariz ambiciosa y belfo arrogante, quiere ser presidenta del Gobierno, ya se sabe. Antes tendrá que "matar" al padre Rubalcaba en unas primarias que se antojan lejanas y estériles. Sin el sostén del brazo catalán del PSOE, la batalla será muy dura, en el caso de que se libre. Pero con un socialismo en vías de descomposición, todo es posible. Ha optado Chacón por la bandera de España y por un PSOE nacional y unido. Una quimera. Ofrece mercadería de futuro y transmite ese tipo de aplomo que da la ignorancia. Es el énfasis de la nada. Cuenta con ciertos apoyos mediáticos y con un consejero/esposo que se desenvuelve con admirable maestría en el territorio de la pirotecnia política.

El aguante de Dolores

Dolores de Cospedal, nada más aterrizar en Génova, se topó con un escalador sin principios sentado en las arcas de los dineros. Lo fulminó. Y ese es ahora su problema. Bárcenas sembró de fotocopias la placidez de un PP donde todo conflicto es herejía y todavía escuece. Se han cometido errores de bulto en la eliminación del tramposo, como finiquitos imposibles y contratatos intragables. Chapuzas de trazo grueso que utiliza arteramente el "fuego amigo" para bombardear a esta gladiadora manchega. Cospedal ha asumido el papel de escudo protector de Rajoy sin pestañear. La lealtad es un extraño polizón en la cochambrosa nave de la política. Y aunque revienten, cuenta con la confianza del presidente del partido, que es un gallego astuto y detecta a los traidores en cuanto asoman la genuflexa sonrisa por su despacho.

Carece de buenos equipos, no fatiga los pestíferos comadreos del Congreso, es inexperta en los meandros mediáticos (donde tiene, y ella quizás lo ignora, muy aviesos enemigos de nivel) pero ofrece una imagen de solidez inquebrantable que a muchos enerva y a otros desazona. "Si acabó con el trapacero bonismo en su tierra, mala enemiga es para echarle un pulso", mascullan algunas comadrejas emboscadas. No dedica medio minuto a driblar zancadillas ni, menos aún, a devolver las bofetadas. En el PP, ya se sabe, el único cabrón no es ese Luis. Ahora le toca trabar alianzas, detectar apoyos y apretar los dientes. Y dar la cara y contar quedamente hasta diez. Ya se sabe: todos los errores humanos son fruto de la impaciencia.

EL VARÓMETRO.- Una medallita o algo para Montoro para haber medio domeñado el déficit de las Comunidades autónomas. Parecía misión imposible. // No vale hacerse el loco. Rubalcaba debe explicaciones sobre los trabajos de Corinna // Vaya patinazo glorioso de la ministra Pastor con los "aeropuertos peatonales".


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