A contratiempo

La Cataluña rota de Aznar trae cola

Casi una década después de haber dejado la Moncloa, las palabras de José María Aznar se escuchan, atienden y debaten como si fueran las tablas de la ley. La gauche caviar lanza sus venablos, insultos y descalificaciones por tierra mar y aire. Los escasos políticos de la oposición que aún son capaces de hilvanar tres frases con sentido, diseccionan con estiletes emponzoñados las palabras del antiguo presidente. Aznar les enciende, encabrita, irrita y hasta les hace sentir vivos. Algo que no ocurre habitualmente ni con Rajoy ni con Rubalcaba. Y no hablemos de Zapatero, levitando por los jardines de Confuncio. "Si no vas a conmocionar, lo mejor es quedarse callado", decía Tony Blair, visto, por cierto, dos semanas atrás en un famoso comedor riojano dando cuenta de un menú de estrellas y campanillas.

Lealtad y falsedad

En diez páginas lúcidas e intensas vertió Aznar su análisis y sus propuestas para afrontar la realidad de una España atribulada y en peligro. Algunos de sus planteamientos llamaron la atención por certeros o por novedosos. Por ejemplo. Que no se puede ser leal con los desleales. El nacionalismo catalán ha traicionado, por espúreos intereses electoralistas, un acuerdo democrático que había suscrito hace treinta años. El nacionalismo catalán está siendo desleal con el consenso constitucional, con la democracia y con la ley. Por tanto, no se puede llegar a ningún tipo de compromiso con quienes no los respetan, "con quienes considerarán cualquier acuerdo un mero capricho". O sea, con los tramposos, ni a heredar.

Unidad y ruptura

Lo más llamativo y comentado fue su teoría sobre la unidad de Cataluña. Aznar reiteró que "España no se va a romper" pero fue más lejos al introducir otro concepto: "España sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición". Quien piense que lo que está en juego es la unidad de España, se equivoca, antes de eso, está en juego la integridad de Cataluña. O sea, justo lo contrario de lo que verseó Gallardón a los empresarios catalanes hace unas semanas.

Reforma del modelo

Su propuesta de reformar el modelo territorial que "nos permita tener un Estado más ordenado, eficiente y justo" ha desatado alguna que otra pasión. Como tantos en el PP (y fuera del PP) piensan, Aznar puso sobre la mesa la necesidad de "reconstruir desde su base" un proyecto nacional que nos devuelva al progreso.

Allí estaba Mariano Rajoy, en primera fila de la velada política de FAES. Junto a Mario Vargas Llosa, el galardonado por la Fundación. El presidente del Gobierno conocía, naturalmente, el mensaje de quien le designara su sucesor. Faltaría más. Como conocía el discurso de Alicia Sánchez Camacho, la candidata de los populares a la Generalitat quien, unas horas después, matizó, en clave catalana, la propuesta de Aznar. Sánchez Camacho, también con Mariano Rajoy como invitado, abogó por la línea más light del discurso de su partido sobre la realidad autonómica. A saber: no hay que recentralizar el Estado sino hacerlo más eficaz y acabar con las duplicidades. Más de lo mismo (que ya sabemos a dónde nos ha llevado) pero con correcciones. El supuesto mensaje que el electorado catalán quiere escuchar para no asustarse.

Alguna tormenta en el seno del PP han querido apreciar los tímpanos más sensibles ante esta sucesión de discursos antagónicos. ¿O complementarios?. Los presidentes autonómicos de Galicia y de Madrid, Alberto Núñez Feijóo e Ignacio González, respectivamente, aplaudieron el mensaje de Aznar. El aparato del Gobierno secundó el planteamiento de Sánchez Camacho. Dentro de un orden, lo previsto.

Falta un mes para la cita electoral catalana y Artur Mas pugna con los sondeos hostiles que no le conceden aún la mayoría absoluta. El listón de la credibilidad lo ha señalado él mismo. De ahí, su desesperado empeño, sus juegos militares, su estrategia del miedo, su victimismo galopante, su provocación permanente a la paciencia del Gobierno y sus soflamas delirantes para incendiar a la parroquia catalana. Conviene atender el análisis de los estrategas convergentes a lo ocurrido esta semana en Madrid. A saber: Aznar, como siempre, se ha dirigido al electorado del PP más fiel, firme, tradicional e insobornable. Sánchez Camacho, como siempre también, se acomoda al terreno, evita confrontaciones y huye del "cordón sanitario" de la caverna como de la peste.

El discurso de Aznar, se nos había anunciado, iba a traer cola. Por su solidez, su decisión, su brillantez y su claridad. Seguro que Rajoy se lo ha agradecido. Faltan cuatro semanas para el gran pulso con los falsarios usurpadores de la senyera. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba