A contratiempo

Cataluña, sin nación y sin Gobierno

Imputado y semidesactivado Oriol Pujol, "l'hereu", saltó Duran Lleida esta semana a los salones del Ritz como una prima donna, arropado por el poder de Madrit. Allí estaban los signos externos del poder con la vicepresidenta Soraya a la cabeza, el ministro de Exteriores, Margallo, el presidente del Constitucional, Pascual Sala, responsable último de que los amigos de ETA se paseen por las instituciones con chulánganos desplantes e insultos a la democracia. Recuerden, "sólo Astérix y Obélix dejaron las armas, así sin más", que dijo una diputada de Amaiur. Y, en fin, algunos correveidiles, varios serviles, muchos zascandiles y tres o cuatro mandiles (masonazos, claro). La fauna de los madriles.

Cataluña está quebrada, en la ruina, con el agua al cuello, abrazada a la miseria. Cerrando quirófanos, hurtándole el sueldo a los funcionarios y recortando gasto educativo. Pero TV3 y las embajadas se mantienen intactas. La deuda catalana roza los 50.000 millones y la cifra de parados los 800.000. La Generalitat tiene pagos diferidos por 78.000 millones hasta 2108, es decir, que dentro de un siglo y algunos añitos los catalanes todavía estarán pagando las juergas de sus bisabuelos. O sea, del Tripartito y Artur Mas.

La bolsa no "sona" y los coros de "els segadors" se han adormecido. Ni Gobierno, ni nación. La inquietud y el desconcierto desbordan las conversaciones de los empresarios que intrigan en los manteles del Vía Veneto o el Roig Rubí. "Algo hay que hacer, Artur Mas nos lleva al desastre". Unánime queja, tedioso comentario. A buenas horas. Los mismos personajes de esa falacia conocida como "sociedad civil" que respaldaron desde la portada de "La Vanguardia" el manifiesto en apoyo del Estatut impulsado por un Maragall iluminado, miran ahora a Madrid en busca de árnica y ayudas.

El hereu no hereda

Los planes independentistas de Jordi Pujol sufrieron esta semana un serio contratiempo. Su hijo Oriol, el elegido para hacer de la Cataluña pujante y europea un Kosovo triste y macilento (a eso le llaman "fer país") quedó arrumbado en la cuneta política. Imputado. Quizás ya nunca será president. Ya sólo los diletantes de ERC y algún intelectual orgánico y a sueldo hablan de independencia. Ahora se trata de salvar los muebles. De evitar que las facturas pendientes desborden la Plaza de San Jaime. Un Artur Mas atribulado, demediado, encogido, reunió a su gobierno en forma casi clandestina, para habilitar un "plan B". Eso significa que hay que "recomponer los puentes con Madrid". "Reestablecer el diálogo con la meseta". O sea, pedir más dinero, aunque haya que poner sordina a los cánticos sagrados y patrióticos que llegan desde el Canigó.

Y ahí aparece Duran Lleida, el democristiano anfibio, líder de Unió, un partido que nunca concurrió en solitario a las urnas, que acaba de ser condenado por financiación irregular y que tiene a algunos de sus dirigentes convictos y confesos por embaularse dineros públicos. Duran, siempre a la espera, es el nuevo Miquel Roca, el embajador de los intereses catalanes en Madrid, donde urde negocios, alimenta intrigas, hilvana amistades, acaricia periodistas y, sobre todo, habla mal del clan Pujol (en privado, naturalmente). Una vez más, ha llegado definitivamente su hora. ¿Y van?

¿Comienza el deshielo?

Es el escenario que Rajoy esperaba. Cuando desde sus filas le urgían a presentar el recurso contra la declaración independentista de CiU, pensaba: "Dejadles, ya vendrán a por dinero". En esas estamos. La Generalitat necesita que Montoro le afloje la exigencia de la reducción del déficit (imposible encajarlo en el 0,7 por ciento) y le urge dinero fresco para salir del hoyo. A cambio ofrece bajar el diapasón independentista y modular la persecución al castellano. Eso sí, por Sant Jordi organizarán una "mascletá" soberanista (como aquí ha dejado escrito Cristina de la Hoz) para templar las gaitas de su grey más bullanguera.

Montoro es el encargado de engrasar el mecanismo. Está pergeñando un sistema de objetivos de déficit asimétricos según las necesidades de la cada comunidad, diseñado específicamente para que el traje de la austeridad encaje en la despilfarradora Cataluña. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, se encocora. Ha cumplido como la que más con las exigencias de Hacienda (pese al trato desigual que padece históricamente) y ahora observa cómo el Gobierno central, de su mismo color político, se dispone a premiar al manirroto. ¿Estamos en puertas del déficit asimétrico, al estilo de aquel "federalismo asimétrico" de Maragall? "Comienza el deshielo", titulaba El Periódico de Cataluña el viernes. Pero no olvidemos que una política económica seria se basa en incentivar al que cumple. Si desaparece esa premisa, como en la Logse con los malos alumnos, tendremos un problema.  

No le demos muchas vueltas. Al final, la única música que el nacionalismo catalán entiende, desde hace treinta años, no es el "Virolai", sino el sonido de la caja registradora. El problema es que siempre, el gobierno central, sea del que sea, lo escucha. Y paga. En esas estamos.

EL VARÓMETRO.- "Genio del trinque" (Ed. LibrosLibres) de Pablo Molina. El libro del momento. Autobiografía de un funcionario autonómico. // La alcaldesa de Madrid ha superado con nota la visita del COI. Ana Botella, ejemplo del trabajo bien hecho. // Elena Valenciano o el principio de Peter. Al tiempo. // Declina la imagen del ministro Margallo. Algo ha tenido que ver Corinna. Y otras rubias... // Quizás el PP en el fondo prefiera a Gómez Bermúdez para el caso Bárcenas. El juez Ruz es menos ambicioso y por tanto, menos maleable.


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