A contratiempo

¿Camino sin retorno?

Un tal Turull, que integraba el trío de párvulos comisionados por el Parlamento catalán para reclamar la soberanía en Madrid, amenazó con que "estamos ante un camino sin retorno". ¿Se refería al proceso independentista impulsado por CiU? ¿Se refería quizás al propio Artur Mas?.

El camino hacia la secesón quizás no tenga retorno, pero, por lo que estamos viendo, se le buscan afanosamente vías de salida. El propio Mas rescataba ya en 'Le Figaro' la teoría de las elecciones plebiscitarias, que significarían su sepultura política a manos de ERC y esa panoplia populista amparada por la propia Generalitat bajo el nombre de Asamblea Nacional de Cataluña (ANC). Eso sí sería el 'camino sin retorno' para el President.

"Quiero que Quebec sea un país"

El estrepitoso e inapelable 'no' del Congreso a la iniciativa soberanista del Parlamento catalán ha hecho pupa. A Mas le han zumbado los tímpanos y le han temblado las canillas. Ocurrrió unos días antes de que los independentistas quebequeses perdieran 24 escaños en los cruciales comicios de la provincia canadiense. Todo iba bien hasta que la actual primera ministro, Pauline Maurois, presentara en la campaña a su candidato estrella, el magnate de los medios Pierre Péladeu, quien, en un discurso incontinete y torpón, gritó a los cuatro vientos: "Quiero que Quebec sea un país". Ahí se hundió todo. Batacazo en las urnas de los secesionistas y triunfo apoteósico de los liberales.

Quebec siempre ha sido referencia para el independentismo catalán. Incluso para Carme Chacón. Luego lo han sido las islas Fiji, Kosovo, Israel, Escocia... últimamente también Noruega. Desde los tiempos de Pujol, el espejo a imitar ha cambiado de formas, de color, de parámetros y de continente. Un verdadero disparate.

Café para todos

Se afanan ahora en distintas instancias por evitar lo que alguien bautizó bobamente como 'choque de trenes', cuando aquí tan sólo hay una locomotora despendolada que marcha hacia el precipicio. Y, para evitarlo, se plantean alternativas, se sugieren propuestas, se estudian informes. Miguel Sebastián, el que fuera ministro de las bombillas de Rodríguez Zapatero, ha planteado algo tan original como volver a la situación previa al 'café para todos', es decir, tres únicas autonomías históricas con competencias especiales y el resto, diluirlas hasta la práctica inexistencia. En Francia es posible, como acaba de anunciar el primer minsitro socialista, Manuel Valls, decidido a borrar del mapa las provincias y a arrasar con la mitad de lo que entendemos por diputaciones. A ver quien le cuenta aquí a un barón regional, esa especie de cacique postmoderno, que se le retiran sus atribuciones y su mando emplaza.

Miguel Herrero de Miñón, 'padre de la patria' y democristiano, trabaja también en plantear otra vía de salida a la actual situación. Lo tiene más estudiado que Sebastián. Su propuesta gira sobre la creación de 'un instrumento de Gobierno', pactado con el Estado, que blinde competencias económicas, educativas, lingüísticas y culturales. No sería necesaria una reforma de la Constitución sino 'una reinterpretación' que él denomina 'mutación'. Ingenioso eufemismo para evitar la colisión con la Carta Magna. Cerebros mutantes en ebullición a la búsqueda de una salida antes del 9 de noviembre, la fecha del plebiscito ilegal convocado por Mas.

Tampoco Pérez Rubalcaba, cada vez más desplazado del juego de actores del teatrillo nacional, quiere quedarse fuera de juego. Sugiere por enésima vez el planteamiento federalista del PSOE y le reprocha a Rajoy su escasa voluntad de diálogo. Y para demostrarlo, su única arma es fotografiarse con Duran Lleida por le M-30 del Congreso de los Diputados.

Abrumadora propaganda

En ese mismo escenario, en la Cámara Baja, Rosa Díez, la líder de UPyC, recordó algo elemental: en el último CIS, el respaldo a la independencia por parte de la sociedad catalana no superaba el diez por ciento. En Quebec tan sólo el uno por ciento reclamaba un referendum sobre la secesión. Pero el ruido mediático es enorme, los propagandistas de la Generalitat son intensos, profusos y estan bien pagados. Los dineros de todos los españoles se vuelcan en las campañas separatistas y al final se transmite sin discusión la idea falsaria de que "los catalanes quieren irse". Y mientras tanto los cuitados del PP catalán no disponen ni de un diezmo para elaborar un mínimo proyecto de contrainformación.

'Los catalanes quieren irse', esa sinécdoque tramposa. Tanto como la del 'camino sin retorno'. Cierto que los soberanistas tienen mayoría en el Parlament. Pero esos escaños son un 'fake'. Ni CiU se presentó a las elecciones (en las que se dejó doce escaños) con la independencia en su programa, ni siquiera uno de los tres comisionados párvulos defendía esa opción.

Pero quien se asome cada mañana a los medios de comunicación oficiales que machacan cada día a la sociedad catalana extraerá la errónea idea de que el pueblo de Cataluña está sojuzgado por España y no hay otra alternativa que escapar. Un trampantojo que algunas mentes líquidas aceptan en Madrid.

De ahí el diálogo, que ya se está produciendo, discretamente. Pero dialogar '¿qué y sobre qué?', como recordaba Rosa Díez. Si Mariano Rajoy escucha tanto a García Margallo como por ahí se dice, volveremos a escuchar el ruido de la caja registradora. ¿Una chapuza, un remiendo más en el 'camino sin retorno'? Recordemos esas palabras del presidente en el debate parlamentario: "Las urnas no son la democracia; la democracia es el imperio de la ley". Y ahora, que se aplique.

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EL VARÓMETRO. El repliegue de Susana Díaz huele a anticipadas andaluzas. Al tiempo. // Siguen los cambios en 'La Vanguardia' y no en la dirección esperada. ¿Pero era ésto? // El chusco episodio de la Fundación Norman Foster, bien relatado por Vozpópuli, requiere muchas explicaciones del Ayuntamiento de Madrid. 


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