A contratiempo

Cameron y Rajoy: en las antípodas

Lo menos pedestre que sucede en nuestro devenir político es el debate sobre si hay o no que acabar (con) el AVE. Todo lo demás son superfluas y vagas anécdotas, discusiones fósiles, mentiras ramplonas y polémicas prescindibles. La pulsión por lo interesante ha dejado de latir. Pensamiento trivial adornado por pintorescos dislates.

Por eso no está de más elevar un poco la mirada y hacerle un hueco, entre la desmadejada actualidad, a las palabras del primer ministro británico, James Cameron, con motivo del domingo de Pascua. Tomemos nota. "Este es un país cristiano. Sí, somos un país que damos la bienvenida y acepta a toda fe, pero el nuestro es un país cristiano". Cameron es presbiteriano, padre de cuatro hijos, estudió en Eton y se graduó en Oxford en Filosofía, Derecho y Políticas.

Una forma de vida

"El cristianismo no es una colección de edificios bonitos. Es una forma de vida que se extiende por todo el país. Cuando la gente está hambrienta o enferma, cuando tiene hambre, la Iglesia está allí. La Iglesia no sólo habla de amor, también lo practica: en colegios, en cárceles, en hospitales...y por este motivo deberíamos estar orgullosos de decir: éste es un país cristiano". Y añadía: "Como cristianos que somos, tenemos el deber y de alzar la voz y denunciar la persecución de cristianos en muchas partes del mundo. Es terrible que en pleno siglo XXI haya cristianos amenazados, torturados, incluso asesinados por su fe, desde Egipto hasta Nigeria, Libia, Corea del Norte, Oriente medio. A todos esos cristianos valientes en Siria e Irak tenemos que decirles: estamos con vosotros".

La religiosidad de la fecha elegida por el premier británico justificaba el tono de la alocución. Era Semana Santa, cuando los políticos se suelen dirigir hacia sus rincones de descanso y se olvidan del mundo. También de los que sufren, de los perseguidos y degollados por una jauría cruel, sádica y asesina que arrasa con doscientos niños de una escuela en una mañana de orgía yihadista.

Cameron, el Domingo de Resurrección, con sus sencillas palabras, mantuvo en pie la dignidad de la clase política europea, enredada en cuestiones quizás más urgentes, como el Plan Juncker o los regateos de Tsipras. Hay un tiempo para todo. Por aquí andábamos con los mandobles que se dedican las altas damas del PP, el pacto de los montes de Susana Díaz, las jaculatorias ramplonas de Podemos, la desintegración de UPyD y los devaneos adolescentes de Ciudadanos. Es lo que hay.

Cabe pensar que Rajoy, en su retiro de Doñana, quizás dispuso, como Cameron, de unos minutos para recordar a "todos aquellos cristianos que sufren" y dar las gracias por todos los que "desde nuestro país, marcan la diferencia en nuestras vidas". Rajoy no lo hizo. No es Cameron, aunque comparten ambos la circunstancia de encontrarse en vísperas electorales. El británico se pasea por las encuestas por encima del 40 por ciento, casi el doble que su oposición laborista. El Reino Unido crece por encima del 2,5 por ciento, tiene apenas un 6 por ciento de paro y acaba de desplazar a Francia del lugar número 5 de la economía mundial. No son malos datos. Exigen esfuerzo y entrega. E incluso permiten un paréntesis para acordarse de los cristianos perseguidos por el mundo.

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EL VARÓMETRO. El Supremo ha hecho un papelón. Aceptó una demanda de paternidad contra el Rey Juan Carlos que, meses después, la rechaza por "falsa y torticera". Así es la Justicia. // El plantón de Concepción Dancausa a Esperanza Aguirre ha sorprendido. ¿Un telefonazo de Soraya lo cambió todo? // El flequillo de Rafael Hernando y la 'demagogia' de Garicano, son los grandes argumentos. No vamos bien. 


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