A contratiempo

Cuando Batasuna se engalana con la corbata

Consumada la farsa del akelarre de Ayete, con los comisionistas de la mediación (Annan, Adams and others) cacareando como papagayos impostados el texto elaborado por los concubinos de ETA, toca ahora escudriñar la verdadero horizonte que se perfila en el País Vasco. Por supuesto, mucho más allá de los imprevisibles y esquivos efectos electorales que esta liturgia de San Sebastián pueda suponer para las ambiciones de Rubalcaba en la cita del 20N.

La Conferencia de la infamia no habría tenido mayores repercusiones mediáticas ni políticas que la propia de una astracanada más de las numerosas intentonas promovidas desde el mundo filoetarra de no haber sido por la presencia oficial en ella de representantes del Partido Socialista de Euskadi, con su presidente Eguiguren oficiando de anfitrión a la cabeza y con la anuencia, el resplado y el impulso del gran Ausente del concilio, el todavía presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero.

Porque, como ya se ha conocido mediante la filtración de documentos elaborados a finales del 2009 por la propia banda terrorista, la clave de la celebración de esta "Conferencia Internacional por la Paz" pasaba por conseguir el compromiso previo del PSOE, sin el cual, la intentona resultaría fallida.

El acuerdo con el PSOE se logró y los resultados a la vista están, incluida la propia emisión del anhelado comunicado de la banda terrorista ("suplicado por los socialistas", según la certera descripción de José María Aznar) y su ulterior impacto en el gallinero mediático y aún politico no hace falta describirlo. Cuánto alborozo. Cuanta indignidad.

ETA, de momento, va cumpliendo certera e implacablemente su hoja de ruta. Al margen del paripé del cese de la actividad violenta o como lo quieran llamar, ha logrado varios de sus principales objetivos, como son su renovada y masiva presencia en las instituciones, los beneficios penitenciarios (por ahora tímidos y camuflados pero tiempo al tiempo) para algunos de sus presos y, por supuesto, la incipiente consolidación de la idea de que el denominado "conflicto vasco" no ha de tener ni vencedores ni vencidos. Delirante presupuesto que ha empezado a calar incluso en las filas de los denominados demócratas a cambio de la peregrina teoría de que, al fin y al cabo, ETA está agotada, exánime y no va a volver a atentar. O dicho en cristiano, ETA consigue sin necesidad de seguir pegando tiros lo que no había logrado después de cincuenta años de perpetrar una lacerante cadena de crímenes abominables.

ETA, en suma, ha vuelto bulliciosamente a las instituciones tras el innombrable fallo del Constitucional, pero quiere más. Como siempre. Su libreto nunca ha cambiado. Autodeterminación y territorios. Es decir, independencia y anexión de Navarra y provincias vasco-francesas. Su próximo paso será la posibilidad de participar en las elecciones generales bajo el disfraz de Amaiur, otra franquicia de Batasuna que ya a nadie pretende engañar. Pero su punto de mira está en las elecciones autonómicas de 2013. Ese es el territorio de la verdad. ETA quiere hacerse con el control político absoluto en Euskadi y cada vez está más cerca de lograrlo. Para ello tendrá que jibarizar a su máximo rival directo, el PNV, que ahora deambula como pollo sin cabeza por el agitado panorama político del nacionalismo que los batasunos le están perfilando. Sería una malísima noticia para nuestro sistema democrático pero un PSOE diezmado y desnortado en toda España tras el catacliso del 20N podría muy bien servir de sustento o de aliado a una Batasuna para mantener algunas cuotas de poder en el País Vasco. Igual que hizo en Cataluña con ERC y el patético tripartito. Ese horizonte se antoja cada vez más posible y cada vez más cercano. Es la estrategia que perfilan los etarras una vez que Zapatero haya conseguido su fotografía del "final negociado del conflicto". De ahí que el batasuno Rufino Etchevarria apareciera tan sonriente en las puertas del Palacio de Ayete. dando la bienvenida a los alegres mediadores, con traje y corbata como nunca hasta ahora se le había visto, salvo, quizás, el día de su boda. La boda, en este caso, puede ser con el PSE aunque a alguien le parezca un disparate. O una aberración. De momento, Batasuna ya se pone la corbata.


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