A contratiempo

Basta ya de echarle la culpa de todo a Merkel

Si Merkel es el ogro, Alemania es el enemigo. La prensa de los PIGS, los países meridionales atenazados por la intervención y la crisis, practica crecientemente el peligroso juego de parangonar jocosamente a Merkel con Hitler. Algún turista alemán ha sido agredido en sus paseos por las calles de Atenas. El infierno, ya se sabe, siempre son los otros. Buscar culpables externos es una práctica muy frecuentada por quienes son incapaces de hacer frente a sus responsabilidades.

Tambien en nuestro país asoman de repente odios atávicos contra lo que la prensa británica ha bautizado como "El cuarto Reich". La intransigencia alemana a la hora de permitir que el BCE desempolve el "manguerazo" de miles de millones para comprar deuda y aliviar así nuestras tensiones financieras ha situado en el punto de mira de críticas y ofensas a la canciller alemana, fatigada ya del papel de "salvadora" de gobiernos indolentes y de sociedades manirrotas. Alemania hizo sus deberes a tiempo y los hizo bajo la batuta de Gerhard Schöder, un socialdemócrata que se inmoló para sacar adelante el plan de medidas de austeridad más duro e impopular que recuerdan los alemanes desde la II Gran Guerra.

Merkel está fatigada e irritada. También con nosotros. Hasta 17 veces le reclamó a Rodríguez Zapatero que pusiera en marcha la solicitud de rescate del sector financiero que ahora, a las prisas, ha tenido que improvisar su sucesor, de momento con esperanzas de éxito. "Tarde, mal y a rastras", definió, en certeras palabras Mariano Rajoy el plan de reformas económicas que fatiga con irregular éxito.

Ejemplos irritantes

La prensa popular alemana, satírica y cruel, transmite a sus lectores la imagen de un jubilado alemán pagando con las rentas de su esfuerzo y su fatiga la siesta de los ociosos ciudadanos del sur de Europa. España no se escapa al cliché. Es lógico. Basta con  comparar cifras y realidades, como ya se han publicado con insistencia en los medios germanos. España tiene 52 aeropuertos (algunos, "peatonales"), mientras en Alemania hay 39. España tiene trece televisiones públicas con 26 canales y Alemania, diez. España tiene más de 3.500 kilómetros de AVE por apenas 1.400 en Alemania. España tiene 445.000 políticos y Alemania 282.000. Y así...

Un enviado especial alemán narraba recientemente el caso de la autovía Madrid-Toledo, una inversión de casi 400 millones de euros con un uso de un 79 por ciento inferior al previsto. Ahora acabamos de inaugurar la línea de AVE Valencia-Sevilla, de momento con una ocupación de casi el 60 por ciento por debajo de las previsiones.

Obsesión e intervención

En la opinión pública española ha empezado a cuajar la idea de que nuestra crisis viene exclusivamente de fuera. Cosas de Merkel y del euro. Incluso ya se toma como hiperbólica la frase de que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Dentro de nada, vetada toda referencia a la herencia recibida, se lapidará en la plaza pública a quien ose definir como catastrófico el mandato de Rodríguez Zapatero. Buen chico.

El mejor amigo del hombre no es el perro... es el chivo expiatorio, en feliz ocurrencia del economista Rodríguez Braun. En nuestro caso, es Frau Merkel, la primera mujer en ocupar la jefatura de Gobierno desde que nació el Estado alemán, el oscuro objeto de nuestra inquina. Hay quien piensa que la canciller alemana se acuesta cada día con la obsesión de intervenir España, como aquello de Woody Allen de que cuando escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia. Las cosas son mucho más simples. España está atiborrada de ladrillo y de deuda, con un sistema financiero como un queso de gruyere y una clase dirigente dedicada durante años a la rapiña. Pero también tiene una sociedad moderna y madura, unas exportaciones competitivas, un tejido industrial más potente de lo que parece, unas entidades bancarias (pocas) sólidas, unos jóvenes emprendedores dinámicos y bien preparados, una dimensión econonómica que nos sitúa en la cuarta plaza de la UE, una lengua universal y un Gobierno con mayoría absoluta. En suma, como diría Rajoy, "somos un país serio". Y no somos Grecia. Aquí no se apedrea a los turistas alemanes. Pues bien, todo eso hay que demostrárselo a Merkel. Y a nosotros mismos.


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