OPINIÓN

Barcelona: los cuervos vuelan bajo

En apenas ocho días, los militantes de la barbarie se han adueñado de la ciudad. Huyen las empresas, se fugan los grandes bancos, se exilian los negocios, los depósitos, los fondos, las fortunas.

Barcelona: los cuervos vuelan bajo.
Barcelona: los cuervos vuelan bajo.

“En mi ciudad de origen vivían unas diez mil personas. De ellas, tres mil estaban locas, aunque no suponían ningún peligro público. Una suave demencia las envolvía como una nube dorada”. En Barcelona, viven millón y medio de personas. Algo más que en la ciudad de Joseph Roth. De ellas, varios miles están locas. Y claro que son un peligro público. En especial cuando se agrupan en forma de turba.

 En Barcelona, a las diez de cada noche, toca cacerolada. Los buenos burgueses catalanes juegan a la revolución, como en el Chile de Pinochet. Salen a los balcones, aporrean su perolo y luego regresan al sofá, desahogados. Felices. Han cumplido la consigna. Ya pueden sumergirse en el lodazal de TV3, esa televisión ‘asquerosamente sectaria’, como la llamó Alfonso Guerra.

La nube que envuelve a Barcelona no es dorada. Ha adquirido, de repente, un color ferruginoso y plomizo. Y huele a miedo"

Si te pilla la hora del estruendo por la calle, quizás te cruces con algunos muchachos patrióticos que te invitan a sumarte a la fiesta. “Mueve el llavero, hay que hacer ruido”. Alucinas, perplejo. No aciertas a comprenderlos. Es entonces cuando uno de ellos se te acerca, te señala con el índice entre los ojos y te espeta: “Si sigues así lo vas a pasar muy mal”. Te tragas esas palabras como balas y sigues tu camino. Espantado.

La nube que envuelve a Barcelona no es dorada. Ha adquirido, de repente, un color ferruginoso y plomizo. Y huele a miedo. Cuidado con lo que dices en el restaurante. Con el comentario en el Metro. Con  el saludo al vecino. “Ojo, ese no tiene la estelada en la ventana”. “Ese ve canales en castellano”. O peor. “Ese niño habla castellano en el recreo”. Ahora se habla más bajo. Los cuervos vuelan bajos y no hay antídoto contra el rencor.

Barcelona es una ciudad triste. El cielo sabe a cenizas. Una bola polvorienta y detestable. Las compañías aéreas la empiezan a borrar del mapa, los cruceros evitan la escala y en el AVE se maldice entre dientes. Un tedioso ambiente funeral.

No hay buenas noticias. Sólo malos presagios. Un cosquilleo helado se adueña de las mañanas. Un despertar de sobresalto"

Soltaron por las calles a la jauría enloquecida cuando el 1-O. In-de-pen-den-cia. “Adéu Espanya”. “Tots al carrer!”. “Catalunya será vuestro Vietnam”. “No ès la vostra terra”. Gritan las paredes con cierta furia. Por ahí siguen. Hacen menos ruido, pero vigilan. El colmado, la escuela, el taller. Esperan el pitido que convoca a la revuelta. Lo llaman “movilización”. O “revolución de las sonrisas”. Entregan claveles rojos a los policías mientras les escupen en el casco. Entonan ‘Els segadors’ al tiempo que se quedan con tu cara.

No hay buenas noticias. Sólo malos presagios. Un cosquilleo helado se adueña de las mañanas. Un despertar de sobresalto. En apenas ocho días, los militantes de la barbarie se han adueñado de la ciudad. Huyen las empresas, se fugan los grandes bancos, se exilian los negocios, los depósitos, los fondos, las fortunas. Se cierne la penumbra y sólo asoman los ignorantes, los cernícalos, los locos. La ciudad se apaga. Hasta que sólo se escuche el crujido de su armazón, como huesos desnudos.

¿Cómo alejar tanta tristeza si lo peor está por llegar?

EL VARÓMETRO. Éstos no quemarán conventos. Están dentro. // “El que venga con una propuesta o de acuerdo o de reunión, ese es el traidor”. El Padrino. // Oriol Soler se dice editor. Atención a este personaje que se mueve entre las sombras. // Pujol, Fainé, con ellos empezó todo.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba