A contratiempo

Aznar-Rajoy: se acabó el teatro

El pasado verano, cuando la prima española cabalgaba por encima de los 600 puntos y la rentabilidad del bono navegaba por el 7,25, Mariano Rajoy parecía acorralado y sin salida. Desde todos los frentes se le reclamaba la urgente petición de rescate, se hablaba de un Monti para España y se le auguraba una retirada forzosa y precipitada a Santa Pola.

España iba camino de Irlanda y Portugal, un país a la deriva, sin política económica clara, con la frontera de seis millones de parados a las puertas y con una imagen entre desconcertada y cataléptica en el puente de mando. Fue entonces cuando, dicen los cenáculos, José María Aznar movió alguna ficha y descolgó varios teléfonos. Aseguran que la cosa podía ir en serio. Mucho más que un fogonazo o un requiebro. Mucho más que meras conversaciones de sobremesa estival. Pero el golpe de efecto tranquilizador de Draghi y su "haremos lo que sea para salvar el euro"amen del trágico episodio del Madrid Arena apaciguaron los mercados y modificaron las prioridades de Aznar. Entonces fue un quizás. Ahora ha sido otra cosa.

Se acabó el teatro

El mismo ‘dedazo’ que utilizó Aznar para situar a Rajoy al frente del partido, lo ha usado ahora para romper, en forma pública y estrepitosa, todos los hilos que aún le unían a su sucesor. Se seguirán viendo en Faes, mientras exista Faes (ya contamos aquí el proyecto de Fundación Manuel Fraga que se reserva Rajoy) y quizás coincidan en alguna boda. Pero la función ha terminado. Bajó el telón y se acabó el teatro.

Por su honor, el de su familia y el de su partido (el que va de la refundación hasta 2004), Aznar saltó a la palestra de Antena 3 para arreglar cuentas con Prisa, defender a los suyos y ametrallar la línea de flotación de la política económica de Montoro&Rajoy. La referencia a la pauperización de las clase medias fue un guiño directo al votante del partido, atribulado, angustiado y desesperado por una inclemente lluvia de impuestos y un horizonte con más oscuros que claros. Sólo tuvo palabras de cariñoso elogio para su amigo Blesa, hoy en la picota judicial y pública.

Se siente herido, traicionado, ninguneado y apuñalado por la espalda. Aznar considera que su partido le ha dejado a los pies de los caballos con el singular manejo que Dolores Cospedal (curiosamente, la única silente durante las larguísimas horas posteriores al aldabonazo del expresidente pese a su condición de secretaria general del partido) ha hecho del feo asunto de las fotocopias, los sobresueldos, Caja Madrid and others.

Matar al padre

Se acabó. Aznar y Rajoy, cada uno por su lado. Esa fiera enemistad camuflada de amable ‘conllevancia’ ha volado por los aires. Ya no habrá apariencias que guardar ni lenguas que morderse. Rajoy, finalmente, no ha matado al padre, que no es su estilo, pero se ha liberado del peso de su ‘entronización’. O, en frase de Fraga, "ni tutelas ni tu tía".Del jarrón chino ha emergido el agazapado dragón y la historia ahora radica en qué hacer con él.

El marianismo ilustrado deja intuir que, por parte del actual presidente del Gobierno, pese a lo estruendoso del desafío, no se va a mover ni una ceja. El tiempo lo arregla todo, es la máxima oficial del inquilino de la Moncloa. Su política económica no cambiará el rumbo, dijo, muy sonriente, en Bruselas, horas después del cimbronazo. Quizás cuente con que el goteo corrosivo del escándalo Bárcenas y la vergonzante y quizás delictiva estela dejada por Blesa a su paso por Caja Madrid, hagan el resto, seguro de que él y su actual equipo están impolutos.

¿Y ahora, qué?

Algunos diputados del PP han aplaudido en privado la salida de su expresidente. Muchos militantes lo han ovacionado, como también lo han hecho simpatizantes y votantes. ¿Y ahora, qué? O se plantifica Aznar en el Comité Ejecutivo, del que es miembro, y suelta la misma palinodia que desembuchó ante Gloria Lomana para que se convoque un congreso extraordinario o se produce una rebelión del grupo parlamentario para dar un vuelco en la dirección. Nada de eso va a ocurrir.

Ni tampoco, y es lo peor, cabe esperar que desde Génova se modifique la estrategia de blindaje férreo a Rajoy que ha diseñado Cospedal para que "cada palo aguante su vela". Y eso todo el mundo sabe lo que significa. En un partido con una estructura orgánica y de mando tan férrea y hermética, sin primarias y sin algo parecido a la democracia interna, no caben esperar grandes mutaciones. Al fin y al cabo, el PP es como esos laberintos para tortugas o ratones: sólo tiene dos salidas. O se está con el poder o se sale fuera.

EL VARÓMETRO.- Curioso lo de Julia Otero, junto a Llamazares y Valenciano en la campaña proaborto y anti Gallardón. // No estuvo muy afortunado Montoro y su ‘melancólica añoranza’referida a quien le hizo hombre en política. // ¿Se sabrá algún día la ‘línea caliente’entre Zapatero y el Sindicato Unificado de Policía? Todo un escándalo.


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