A contratiempo

Artur Mas pastorea al acobardado empresariado catalán

Piensan que la cautela les mantendrá en pie. Que el delirio hipnótico de Artur Mas se desvanecerá una vez celebradas las elecciones plebiscitarias. Que la sangre no llegará al río y que el "seny", ese impostor, se impondrá sobre la "rauxa". Mientras tanto, callan. Los empresarios catalanes se han quedado mudos, silentes, sin voz pública. Bien escaldados de su apoyo entusiasta al improcedente Estatut, ahora han optado por sellar sus bocas, por no decir ni "mú". Salvo José Manuel Lara, de sangre sevillana y quizás, por ende, caliente, en los despachos catalanes donde se toman las decisiones sobre el mundo del dinero, de la inversión, del ahorro, de las finanzas, no se escucha ni el vuelo de una mosca.

Se lo preguntaba "La Vanguardia" este viernes al presidente de la Generalitat. "¿Qué le han dicho Fainé de la Caixa, u Oliú del Banc Sabadell...o los grandes empresarios, Grifols, Carulla, Andic..?". Y Artur Mas respondía: "Yo sé que hay empresas catalanas que están inquietas (...) Lo primero que ha de hacer el mundo económico son estrategias para adaptarse al cambio de la mentalidad del país".

Adaptarse al cambio quiere decir, no oponerse a la ensoñación colectiva del nacionalismo y facilitar el camino del "derecho a decidir", en suma, de los "anhelos de un Estado propio". Eso que nunca existió. Porque conforme avanza la deriva secesionista de CiU y sus acólitos liliputienses del independentismo catalán, mayor se hace la bola de las falsedades y las mentiras de su propuesta.

La valentía como virtud

Los empresarios catalanes callan, conscientes de que más de tres cuartas partes de su negocio está al otro lado del Ebro. Callan porque asumen que el proyecto separatista está preñado de riesgtos y turbulencias. Callan porque conocen de sobra las falacias de los números que presenta la Generalitat sobre las bondades de una Cataluña independiente. Callan quizás porque piensan que, como dijo el filósofo alemán,  "el valor es una mera virtud de subteniente". No son tiempos de coraje y valentía.

Acaban de declararlo el ministro Margallo, y el comisario Almunia, y varios ejércitos de analistas y economistas. Una Cataluña independiente no es viable. Sería un 25 por ciento más pobre y su PIB se situaría por detrás del de Chipre. Y quedaría fuera de las puertas de la UE, ahora galardonada con el Nobel de la Paz, qué exotismo.

Todo eso parece dar lo mismo. "Cuando en un país hay un movimiento social muy potente, el mundo económico tambien ha de ver cómo se adapta al cambio", le ha recordado Artur Mas al atribulado rebaño del empresariado catalán que en privado abomina mayoritariamente de los planes de su President pero que en público aprieta los dientes y contiene sus palabras. Un gesto también arriesgado. Los hombres del mundo del dinero catalán son conscientes de que el nivel de recelo hacia sus firmas y sus negocios empieza a caer en picado en el resto de España. Por eso Artur Mas les tira del ronzal, para que no cabeceen y no le chafen su romería hacia el abismo.

El caso escocés

Una encuesta publicada esta semana en un rotativo británico mostraba cómo son más los ingleses que se manifiestan a favor de la independencia escocesa que los propios escoceses, sumidos en una tormenta de dudas ante el referendum que se les viene encima. ¿Qué pasaría en nuestro país si se realiza ahora un sondeo similar? ¿Deserían más los españoles la independencia de Cataluña que los propios catalanes?. A saber.

Para esquivar ese incierto horizonte, Mas incurre en su ejercicio favorito: el de hacer trampas, algo inherente al ADN del juego nacionalista. El referendum escocés planteará una pregunta limpia y sin dobles lecturas: "¿Quiere la independencia de Escocia, sí o no?". La que sugiere el presidente de la Generalitat es sinuosa y falsaria: "¿Usted desea que Cataluña se convierta en un nuevo Estado de la UE?". Puro verso. Ni se menciona la palabra "independencia" ni es potestad del pueblo catalán convertirse en "un nuevo Estado de la UE".

El vídeo sobre la escuela del Delta del Ebro que circula afanosamente estos días por Youtube, en el que se muestra el descarnado adoctrinamiento independentista del que son objeto los pequeños alumnos, es el germen de cuanto estamos viviendo. El ministro Wert, antes de su "españolizar Cataluña", qué expresión, qué herejía, qué provocación, por Dios, acertó de pleno al recordar que el origen de todo está en la enseñanza, en los institutos, en la docencia.  Echen un vistazo a los libros de texto que se utilizan en las aulas catalanas para comprobar que en sus páginas ya se recoge que Cataluña "es un Estado dentro del nuevo orden mundial" y que la "Catalunya Vella" como nación, ya existía antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica.

El silente empresariado catalán, ("ese silencio, ay, ya es dolor") salvo excepciones, asiste entre atribulado y ansioso a este juego de pasiones que ha desatado CiU para emboscar la realidad de una gestión nefasta. Y quizás crean, al reflexionar sobre la huída hacia adelante del Artur Mas, que "nada hay más peligroso que una idea cuando solo se tiene una". Mientras tanto, esta semana, la Generalitat pidió y recibió otros cuatrocientos millones del Tesoro español para pagar a sus pensionistas y funcionarios.


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