A contratiempo

Abdicación entre tinieblas

En Navidad dijo que no se iba y en Reyes empezó a comunicar que lo dejaba. Asi lo refleja la versión oficial. "Un cambio de opinión", apostillan. ¡En apenas doce días y sobre un asunto histórico y trascendental!

Rumiaba el monarca su salida, y algo les dijo a Rajoy y Rubalcaba a finales de marzo, que no daban crédito. Tantos fines de semana en la ardiente soledad de la Zarzuela y tantas escapadas a la finca extremeña de Felipe González, 'El Penitencial' por mal nombre, junto a las de Griñón, Talavante o Isabel Sartorius, hicieron el resto.

Prisas y miedo

Le metieron miedo y mucha prisa. Un horizonte político convulso, una opinión pública adversa, un pulso independentista descontrolado, un mazazo judicial en el corazón de la familia, un futuro Parlamento indomable... El vuelco en las europeas y la renuncia de Rubalcaba hicieron el resto. "Ahora o nunca, hay que moverse rápido", le decían. ¿Pero en qué manos ha estado Don Juan Carlos? En la mañana del lunes 2 de junio, sin advertencia previa, con el heredero volviendo raudamente de El Salvador, el monarca se levantó, cogió el teléfono y llamó a Rajoy. Esto se ha terminado.

Y todo se aceleró, como en la cámara rápida del cine mudo, con Buster Keaton huyendo de las turbas. Precipitación y caos, aunque algunos lo venden como 'la perfecta abdicación'. Sólo les falta bendecirla y consagrarla. En ello están. El presidente del Gobierno corriendo para Zarzuela, los cámaras de televisión corriendo para Zarzuela, el presidente del Gobierno corriendo luego para Moncloa, los periodistas corriendo para Moncloa... Y el vídeo que no sale. Y los españoles, esperando. Media hora más, media hora más... Los dos hechos más relevantes del reinado pendientes de un vídeo que no sale. Afortunadamente, el presidente del Gobierno había roto el suspense unas horas antes, en decisión también cuestionada.

El secretismo y el éxito

Ya estaba hecho. El Rey que nunca abdicaría, según la Reina; el Rey que no pensaba en abdicar, según el Jefe de su Casa en aquella rueda de Prensa con el cirujano Cabanela; el Rey que iba a seguir, según él mismo entre espumillón y villancicos, de pronto se iba. Una abdicación exprés, que hubo de improvisarse entre acelerones y sobresaltos. No había fecha, no había ley orgánica de abdicación, no había ley de aforamiento del Rey saliente, no había plan para las ceremonias, no había fórmula para la proclamación... Todo muy estudiado, aquilatado al milímetro, nos explican. "Es que el secreto era fundamental para el éxito de la operación". Se habrán contagiado de Normandía, 75 años después.

Enseguida se nos dijo que no habría, seguro, ceremonia religiosa ni invitados extranjeros en la proclamación, que será un acto laico y austero. Minimalista. Casi de tapadillo. Ni siquiera se confirmaba si estarán presentes los Reyes, que no querían, para no quitarle protagonismo a Felipe VI. Ahora presionan a Don Juan Carlos para que dé su brazo a torcer. ¿Y dónde colocamos a los Monarcas salientes?, se preguntan los grandes estrategas de Zarzuela. O sea, todo bajo control.

¿A qué las prisas? Dentro de unos años, quizás, nos enteraremos de quién inoculó la inquietud y temor a un Rey meditabundo y convaleciente, apresado por meses de soledad intramuros de Palacio, golpeado por la muerte de Adolfo Suárez y envuelto en una tristeza adormecida y sin dolor, sorda y vacía. Allí en Zarzuela, rodeado de asesores petulantes, de una mediocridad estentórea y dinámica. Ahora toca, tan sólo, la loa hagiográfica, apoteosis de botafumeiro y cohetería. "El desmedido elogio es la forma más cínica del desdén", decía Bioy.

Nunca es buen momento para abdicar. Ni es un paso fácil. Pero sobrevuelan demasiados interrogantes. No sería malo que nos expliquen el porqué y las prisas.

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EL VARÓMETRO. Suprimir la ceremonia religiosa le ha tocado las narices a la nueva Conferencia Episcopal. "Don Felipe seguirá la tradición católica de la Familia Real", advierte, admonitorio, el portavoz Gil Tamayo. // De la otra 'abdicación', la de Rubalcaba, ya casi nadie habla. Se anuncian sorpresas. // Atentos a la metamorfosis de la Princesa Letizia


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