A contracorriente

El ocaso del oligopolio de las grandes empresas “concertadas”

Cuando me embarque en el proyecto de UPyD lo hice con gran optimismo e inconsciencia. Con temeridad manifiesta que se diría en jerga legal. Pensé que era cuestión de poco tiempo que todo el mundo se diera cuenta que sus principios eran incuestionables y sus ideas de puro sentido común, suficientes para dar la vuelta como un calcetín a nuestro país. El partido crecía en cada contienda electoral, pero nunca en la magnitud esperada por mí, lo cual me llevo a pensar (sin perder mi patológico optimismo) que la cosa era un poco más difícil de lo que imaginaba al principio pero en todo caso impepinable y que acabaría cayendo cual fruta madura. Finalmente, cuando empezó una orquestada campaña de furibundos ataques contra su líder comprendí que dicho partido luchaba contra todo un Sistema (lo pongo en mayúsculas) y que solo podría ganar si vencía a eso que se llama el establishment, al cual había llegado a amenazar con su lucha contra la politización, la corrupción y las inmensas redes clientelares. Aunque el Sistema parecía debilitado (en estado casi de putrefacción), minusvaloré sus todavía poderosos resortes de poder y, a la que me descuidé, destrozó dicho proyecto de un zarpazo. Aunque algunos pelos se dejaron en la gatera, que se lo pregunten sino al centenar largo de imputados del caso Bankia, las tarjetas black y las preferentes, entre otros.

Cuando hablo del “Sistema” o del “establishment” no me refiero sólo a los partidos políticos de toda la vida y sus tentáculos, sino a las grandes empresas “concertadas”

Cuando hablo del “Sistema” o del “establishment” no me refiero sólo a los partidos políticos de toda la vida (o a los nuevos que en seguida se han adaptado a nuestro peculiar ecosistema) y sus tentáculos (mancomunidades, empresas públicas, asociaciones, sindicatos, patronales), sino a las grandes empresas “concertadas” de los distintos sectores económicos: las eléctricas (como Endesa, Iberdrola o Gas Natural), las empresas de telecomunicaciones (con Telefónica a la cabeza), hidrocarburos (Repsol), construcción (OHL, ACS, Sacyr…, etc.), bancos (Santander, Bankia, Caixabank, Sabadell…, etc.). A estas alturas no creo que nadie se vaya a escandalizar si digo que el sueldo de cada político que entra en los consejos de administración de estas empresas lo pagamos todos los españoles, vía reducción de la competencia y aumento de precios de todas sus obras y servicios. Un especial capítulo de la economía “concertada” española sería el de los medios de comunicación, que no lo incluyo en dicha categoría simplemente porque, con carácter general, hace tiempo que dejaron de ser empresas. Con la crisis del sector la mayor parte de los medios (salvo algunos digitales) pierden dinero a espuertas y, en última instancia, sobreviven por obra y gracia de sus acreedores (algunas de esas mismas empresas concertadas) y las Administraciones Públicas (vía publicidad institucional), que no los mantienen precisamente por amor a la prensa libre sino más bien por lo contrario: por ser todavía un inestimable instrumento de propaganda, necesario para el mantenimiento del statu quo.

Los políticos tienen, por supuesto, gran responsabilidad en todo ello, pero no podemos olvidar que es la empresa “concertada” la que se beneficia del déficit de tarifa, de las infraestructuras y obras públicas innecesarias, de los tarifazos, de la falta de competencia audiovisual y digital o de las trabas a la economía colaborativa, por poner algunos ejemplos. Por mantener el cortijo son capaces de matar, aunque por ahora les ha bastado con el 3%, las puertas giratorias o la condonación de créditos a los partidos.

Pues bien, lo que no consiguió UPyD (terminar con esta lacra que hunde nuestra productividad y competitividad como país), puede que acabe extinguiéndose por el propio sino de los tiempos, como le ocurrió a los dinosaurios. Y es que, sin necesidad de esperar a una nueva glaciación, hay un veneno que (como la luz solar a los vampiros) directamente fulmina a la empresa “concertada”: la competencia. En particular, la que se abre camino gracias a la integración en la Unión Europea.

Lo que no consiguió UPyD puede que acabe extinguiéndose por el propio sino de los tiempos, como le ocurrió a los dinosaurios

Por señalar tan solo alguno de cambios que se aproximan: hay en curso en el seno de la Unión un ambicioso proyecto que busca construir una verdadera “Unión de los Mercados de Capitales”, con el objetivo facilitar la movilidad financiera y, por ende, la competencia. En un tiempo no muy lejano (menos en Cataluña que habrán consumado ya su suicida proyecto aislacionista) podremos abrir una cuenta corriente en cualquier país de la UE de la misma manera en que lo hacemos en España (por Internet), podremos comparar las comisiones que nos cobran todas las entidades europeas o mover nuestra hipoteca o una simple cuenta de ahorro a cualquiera de estas entidades. ¿Creen que entonces le seguirá compensando al Santander fichar al Rodrigo Rato de turno para su “Consejo Asesor Internacional”? Que se agarren las entidades financieras españolas (no así los consumidores, principales beneficiarios de la competencia) que vienen curvas.

Si lo que digo les parece una exageración echen un vistazo a la conocida como “Directiva PAD” (Payment Accounts Directive), que por cierto debería estar traspuesta en nuestro ordenamiento esta misma semana, antes del próximo día 18 (huy, no, espera, que en España no tenemos Gobierno…). Lean también el Libro Verde de la Comisión Europea “Construir una Unión de los Mercados de Capitales”, desconocido para la opinión pública española (como casi todo lo importante), que da unas cuantas pistas de la revolución que se está gestando a nivel financiero.

Por poner otro ejemplo, el 27 de julio la Comisión Europea publicó una consulta sobre un posible marco europeo de planes individuales de pensiones (todavía abierta), cuyo objetivo es “crear un mercado europeo sencillo, eficiente y competitivo de planes individuales de pensiones” y que provocará también importantes cambios en dicho mercado, que ya no dependerán de mi amigo, el ministro del ramo de turno.

No sé si se dan cuenta, pero todos los caminos llevan al IBEX

Las resistencias al cambio son, obviamente, importantes. Hoy mismo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, pedía un plan para acabar con el recargo por "roaming" (itinerancia de datos) en el sector de la telefonía, reclamando la conexión inalámbrica a Internet en las ciudades de toda la Unión Europea a través de WiFi. Con ello salía al paso de las últimas protestas de las asociaciones de consumidores por haber comunicado ciertas limitaciones (un máximo de 30 días seguidos y 90 días al año) al anunciado fin del "roaming" en toda Europa. Es cuestión de tiempo, pero llegará también el mercado único digital y, con ello, el ocaso de la empresa “concertada” española que no sólo lastra nuestra competitividad, sino que lleva tiempo jugando a manejar nuestros designios políticos, provocando la lamentable situación de corrupción, amiguismo y, finalmente, bloqueo institucional a la que hemos llegado. No sé si se dan cuenta, pero todos los caminos llevan al IBEX.


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