A cada uno lo suyo

El ruedo judicial

Para el ciudadano de a pie quizá uno de los espectáculos que mejor exponen la lamentable situación de nuestra Administración de Justicia y sus -hasta ahora- poco efectivos intentos de sancionar judicialmente las conductas de los directivos de las politizadas Cajas de Ahorro es el que están protagonizando el inhabilitado Juez y aspirante a eurodiputado Elpidio Silva  y el ex Presidente de Caja Madrid Miguel Blesa.

Con independencia de las mayores simpatías o antipatías que puedan generar los protagonistas, lo cierto es que esta es una historia donde no hay buenos. Como nos recordaba Rodrigo Tena, antes de que el caso Blesa llegase a sus manos, el juez Elpidio Silva tenía ya a sus espaldas un largo historial de irregularidades que había dado lugar a una serie de expedientes disciplinarios por motivos tales como trato desconsiderado al personal de su Juzgado, resoluciones judiciales sin motivar, retrasos injustificados, etc.  Pero, por lo que aquí nos interesa, muchas de estas sanciones fueron anuladas por motivos formales por el Tribunal Supremo. Incluso el CGPJ intentó incapacitarle por entender que no podía ejercer sus importantes funciones de Juez pero no lo consiguió. En fin, de una forma u otra el Juez estaba en activo como titular de un Juzgado de Instrucción en Madrid cuando le llega el caso Blesa. El caso Blesa era sin duda una oportunidad de oro para llegar al fondo de lo que ocurrió en Caja Madrid durante su presidencia, dado que se bloquearon todas las demás vías de investigación, en particular las políticas. Recordemos el veto impuesto por el PP de la Comunidad de Madrid en la Asamblea regional con la inverosímil excusa de que la Comunidad no tenía competencias de supervisión sobre Caja Madrid (aunque sí las tenía al parecer para colocar a su gente en el Consejo de administración y para decidir a quien se prestaba el dinero) y el vergonzoso paripé de la Comisión de Investigación sobre Bankia en el Congreso.

Pero los ciudadanos hemos tenido la mala fortuna de que el caso Blesa le “tocase” a Elpidio Silva. Es difícil sentir la menor simpatía por Miguel Blesa -cuya cualificación profesional para presidir la Caja derivaba en exclusiva de su estrecha amistad con el ex Presidente del Gobierno Jose María Aznar- máxime después de la difusión de su correspondencia privada. Lo cierto es que Miguel Blesa dispuso de los fondos de los impositores con la alegría de quien sabe que nadie le va a pedir cuentas, benefició al partido que le colocó allí y a su clientela (aunque para ser justos en el reparto participaron también los partidos de la oposición, PSOE e IU) y contribuyó con su gestión de forma decisiva a la gran estafa institucional a todos los españoles que supuso la nacionalización final de Bankia, resultado de la fusión de varias entidades quebradas entre ellas Caja Madrid. De ahí que me hubiera gustado mucho, como a tantos españoles, que la investigación sobre las posibles irregularidades cometidas durante su mandato se hubiera hecho de forma seria y rigurosa. Es decir, me hubiera gustado que por una vez se hiciera justicia, pero de la buena, no la del “prime time”.

Y había materia para investigar. En concreto el juez Silva estaba investigando el crédito de 26,5 millones de euros concedido a Gerardo Diez Ferrán, casualmente ex presidente de la CEOE y actualmente en prisión y el supuesto sobrecoste pagado Caja Madrid por la adquisicióndel City Nacional Bank de Florida. Desgraciadamente no hubo suerte, más que para Blesa. Porque por mucha satisfacción que al pueblo llano –del que formo parte- le produjera su encarcelación, lo cierto es que la instrucción del juez en este caso, como en tantos otros anteriores, dejaba mucho que desear. En realidad dejaba todo por desear, de forma que sus autos más que resoluciones judiciales propias de una instrucción penal parecían artículos destinados al consumo de los medios de comunicación de masas. Y a lo peor era así.

Del juzgado a la política, y de la caja al juzgado

Esto ya había pasado más veces, pero claro, el sujeto investigado no había sido nunca una persona tan relevante y bien relacionada como el Sr. Blesa. Quizá sea esa la razón por la que esta vez la reacción del CGPJ y de la Fiscalía ha sido tan contundente y tan rápida;: suspensión del juez, querella por prevaricación e inicio del juicio contra Elpidio Silva, ahora con Blesa, ya excarcelado, testificando sobre su dignidad pisoteada por el magistrado justiciero. Para que no falta de nada en el espectáculo, el tribunal que tiene que juzgar a Elpidio Silva está compuesto por tres jueces, de los cuales hay uno que ha sido teniente de alcalde por el PP en el Ayuntamiento de Madrid y miembro de la Asamblea General de Caja Madrid: la juez María Tardón. Para que no nos olvidemos de lo rápido que giran las revolving door entre Justicia y política, del juzgado a la política, de la política a la caja, y de la caja al juzgado. Aunque la juez Tardón cuando el juez Silva la recusa no ve motivo para apartarse del proceso la Sala competente del Tribunal Supremo de Justicia de Madrid es de distinta opinión, aunque precisa que es para preservar la imagen de la Administración de Justicia. Además el Presidente del anterior Tribunal también se inhibe. Total, vuelta a empezar, hay que nombrar nuevo Tribunal, con el consiguiente retraso. En fin, las delicias de cualquier culebrón judicial de país bananero.

Pero claro, la cosa no acaba aquí. El juez Silva está indignado porque considera que el auténtico “malo” no está en la cárcel por la complicidad de jueces y Fiscalía con los poderes fácticos. Al fin y al cabo, él llevaba funcionando así en su juzgado muchos años y nunca le había pasado nada grave. Y resulta que cuando se enfrenta con los que mandan sí que le pasa algo. Deduce que el establishment se defiende con uñas y dientes frente a su justiciera actuación. Desde luego es sorprendente la rapidez y contundencia de la reacción de las instituciones en este caso. Mientras tanto, la investigación sobre el fondo del asunto avanza a paso de caracol después de haber pasado por las manos de varios jueces. Blesa puede dormir tranquilo, no más sustos penitenciarios.

Desde luego en una cosa sí estoy de acuerdo con el Fiscal del caso: esto es una farsa y una burla al Estado de Derecho. Aunque él se refería solo a las triquiñuelas de Elpidio Silva y su abogado para retrasar su juicio, toda la historia que les he contado puede describirse con esas palabras.


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