A cada uno lo suyo

La meritocracia de pega

En España se está produciendo últimamente un fenómeno muy curioso, y que revela una vez más este fenómeno tan actual de la “disonancia cognitiva”. A mi juicio, esta disonancia cognitiva es el resultado de contemplar la realidad con unas gafas tan mal graduadas -ya sea por el populismo, el fatalismo, el victimismo, la partitocracia o la autocomplacencia según los barrios- que la imagen que se recibe no se parece en nada a la que vemos el común de los mortales

Quizá uno de los aspectos donde es más visible esta distorsión es en el concepto del mérito. Según lo que vamos averiguando buceando en portales de transparencia, tesis doctorales, departamentos universitarios e incluso instituciones centenarias como las Reales Academias en España el mérito –básicamente el académico y el profesional- más que tenerlo hay que aparentarlo. Así se explican fenómenos como los plagios incesantes y por supuesto impunes por parte de políticos o de altos cargos que quieren adornar su cv con doctorados a costa de las tesis de los demás como el caso de Federico Trillo, según la noticia publicada en La Marea o del actual director del Instituto de Estudios Fiscales, Jose Antonio Martinez Álvarez, cuya tesis la dirigió nada menos que Juan Iranzo, el de las tarjetas 'black' de Caja Madrid. De la misma forma, se manipulan tranquilamente los CV's para hacer constar títulos que solo existen en la imaginación de quien los redacta, aunque sí se les pilla siempre está eso tan socorrido de echarle la culpa a la pobre secretaria por un problema de transcripción, como hizo la vicepresidenta del Parlamento catalán Joanna Ortega cuando se descubrieron los “errores” consistentes en atribuirse un título de licenciada en Psicología pese a que le faltaba alguna asignatura para conseguirlo.

Mejor todavía, en estos casos también se puede atribuir la culpa a unos conspiradores que pretenden acabar con la carrera del líder ungido por el dedo divino hurgando en sus supuestos masters, como en el caso del candidato del PP a la Junta Andalucía, Moreno Bonilla cuyos misteriosos títulos fueron desentrañados en el blog ¿hay derecho? con tal éxito de público que se nos cayó el servidor. Tampoco está de más recordar los colaboradores que se prestan a auxiliar en estas lides a políticos y cargos públicos dada la posibilidad de que se devuelva el favor, quizá con un apetecible puesto en el sector público. Ciertamente lo que está muy mal pagado y puede traer “consecuencia desagradables” -que diría el ínclito rector de la Universidad Rey Juan Carlos- es denunciar estas corruptelas o fraudes, aunque sea por parte de las víctimas intelectuales. Dicho en plata: la gente de a pie no se atreve a demandar a la gente de a caballo por un quítame allá unos párrafos fusilados.

Claro que entonces la pregunta es ¿Cómo distinguir entre el mérito verdadero ya sea profesional o académico y el fingido o simplemente aparente? Pues no es nada fácil, ya que requiere una investigación casi detectivesca porque todavía a día de hoy nuestras beneméritas instituciones no distinguen el grano de la paja, y tanto monta, monta tanto, tesis plagiada como tesis original, todas van a tener un “cum laude” por igual, especialmente con un director de tesis dispuesto a hacer favores a gente importante. De manera que en la España oficial nadie se molesta en analizar si los cvs de los políticos o cargos públicos están o no amañados, ya se sabe que aquí rige el principio de la confianza y que los ciudadanos escépticos que preferimos creer a nuestros propios ojos antes que el papel oficial estamos en minoría.

Pero conviene no olvidar que en otros países más serios se da por sentado que si alguien dice que tiene el título de doctor es porque ha hecho una tesis con rigor y sobre todo con mucho esfuerzo personal, y no en sus ratos libres compatibilizándola con una vicepresidencia del Gobierno o con la Presidencia del Congreso. Por eso le dan tanta importancia –no solo jurídica sino también política- a que alguien presuma de unos méritos que no posee o que cometa este tipo de fraude. No se trata de excesos calvinistas, contra lo que muchos podrían pensar, se trata pura y simplemente de honestidad intelectual, sin la cual es muy difícil que exista la honestidad pura y simple.

Mientras tanto aquí y ahora en España lo razonable es desconfiar y mucho. Gracias al portal de la transparencia y a la labor de los periodistas vamos enterándonos de algunas cosas interesantes, como que Pilar Platero, subsecretaria del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, prefiere no hacer constar en su cv la etapa que compartió con su jefe el Ministro Montoro en el famoso despacho Equipo Económico, del que también hemos hablado muchas veces, porque lo merece. También averiguamos –con cierto retraso, porque les costó facilitar la información- que el Presidente de la SEPI, Ramón Aguirre, no tiene titulación superior aunque es el cargo mejor pagado de la Administración General del Estado , aunque sin duda la hoja de servicios al Partido (en este caso al PP) es envidiable, y ese es al fin y al cabo el cv que realmente cuenta, aunque otra cosa se nos diga.

Otros pueden tener un cv más aceptable (o así se considera al menos en la política española si se tiene una buena oposición, dada la gran cantidad de funcionarios metidos a políticos) pero que puede no ser el más adecuado para el puesto en cuestión; pero pelillos a la mar, que si alguien ha sacado una oposición difícil, aunque sea de jurista o economista, ya ha acreditado que lo mismo vale para presidir RTVE que para presidir Renfe o lo que le echen, especialmente si es “de los nuestros”. Por no hablar de la infinidad de cargos públicos cuyos cvs –sin retocar o incluso retocados-no darían ni para un puesto de dependiente o cajero de supermercado. Eso sí, a ningún político en activo –especialmente del PP- se le cae de la boca la palabra “meritocracia” utilizada como una especie de talismán o “detente bala”. ¿Se acuerdan de aquello del “gobierno de los mejores”? Pues si no se tienen los mejores a tiro, nada como la cosmética para intentar aparentarlo.

Y esto nos lleva a una última conclusión: nos estamos enterando también de que esto de los sueldos públicos es un auténtico desbarajuste, por no decir un disparate total. Pero en una meritocracia de pega ¿Cómo saber si los políticos y altos cargos están bien o mal pagados? Porque al final para entender si un determinado cargo público está bien o mal retribuido sería imprescindible no solo hacer comparativas con puestos similares en países de nuestro entorno, sería hacerlas también sobre la experiencia profesional y la formación que se exige para ocuparlos, las funciones que efectivamente se realizan y ”last but not least” la responsabilidad que se asume por los errores o por la mala gestión. Porque no nos olvidemos que cuando un cargo determinado tiene una retribución importante suele ser porque a) no es fácil acceder al mismo b) las funciones son muy relevantes c) la responsabilidad es muy grande.

Porque la meritocracia será de pega, pero lamentablemente las retribuciones, las funciones y las responsabilidades son muy reales.


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