A cada uno lo suyo

España 1976/2015: entre la reforma y la ruptura

Acabo de terminar la lectura del libro de Plaza y Janés La sombra de Suarez, Eduardo Navarro que contiene las reflexiones o más bien memorias, hasta ahora inéditas, de un político procedente del Movimiento y que fue el autor intelectual de muchos los discursos más importantes de Adolfo Suarez durante la Transición. La impresión que produce es la de la admiración por la enorme tarea que unos pocos hombres –eso sí, con el apoyo de la mayoría de los españoles- llevaron a cabo en muy pocos años: básicamente la de desmontar la dictadura franquista dando paso a una democracia homologable con la de otros países de Europa.

Lo más interesante es que esta labor se hizo básicamente por personas procedentes del Régimen franquista, y en un tiempo casi récord. Claro que probablemente de no haberse hecho así, con rapidez y decisión, no habríamos tenido una reforma desde dentro (el famoso “de la ley a la ley” de Torcuato Sánchez Miranda) de forma pacífica y consensuada con la oposición democrática sino algo muy distinto y de resultado mucho más incierto: la famosa “ruptura”. Creo que no está de más recordar en estos momentos lo bien que salió la Transición democrática pese a la complejidad de las circunstancias sociales, económicas y políticas en que tuvo lugar. Así lo entendieron los españoles de entonces, que premiaron a su principal responsable político, Adolfo Suarez, con un buen número de votos en las elecciones celebradas en 1977 primero y 1979 después. 

Es importante de vez en cuando volver la vista atrás sin ira para darse cuenta de que las cosas no fueron fáciles, y del esfuerzo de generosidad que hicieron entonces los españoles

Dicho eso, como tantas otras cosas en la vida, lo que estaba muy bien para hace casi 40 años puede resultar claramente insuficiente hoy. En todo caso, no parece razonable hacer lecturas del pasado en base a parámetros del presente. Esto equivaldría a considerar, por ejemplo, el parlamentarismo inglés del siglo XIX como limitado e insuficiente, entre otras cosas por estar fundado hasta casi finales de siglo en el sufragio censitario masculino. Sin duda es así desde una óptica actual, pero no es razonable desconocer que en su época era probablemente el sistema político más avanzado del mundo y así se consideraba por los pensadores y los ciudadanos de entonces. De la misma forma, la Transición española fue un éxito y no estaba nada claro en aquel momento que lo fuera a ser. Es importante de vez en cuando volver la vista atrás sin ira para darse cuenta de que las cosas no fueron fáciles, y de que el esfuerzo de generosidad y de altura de miras que hicieron entonces los españoles, empezando por muchos líderes políticos, no es ciertamente ni lo común ni lo esperable de la naturaleza humana.

Algunos políticos de la actualidad viven rodeados de aduladores, aislados del medio ambiente como si fueran 'políticos-burbuja'

Claro está que algunos dirigentes del Régimen –acuérdense de Arias Navarro- no se enteraron nunca de nada hasta el final; su distancia con lo que se decía y se sentía en la calle era tal que no reconocían la realidad aunque la tuviesen delante de las narices. En ese sentido, nos recuerdan a algunas figuras políticas de hoy, que viven rodeadas de aduladores y palmeros y aislados del medio ambiente como si fueran 'políticos-burbuja' cuando si hay una especie que no puede sobrevivir dentro de una burbuja es la de un político democrático.  De la misma forma, a algunos insignes procuradores en Cortes hubo que convencerles de que se hicieran el 'hara-kiri' explicándoles que gente como ellos no tendrían ningún problema en ser elegidos por sus conciudadanos en unas elecciones libres. En todo caso, lo decisivo al final fue la sensatez y sobre todo la dignidad con la que se comportó el pueblo español.

Llegados a la fecha simbólica del 2015 (40 años desde la muerte de Franco) toca a otra generación política hacer un ejercicio parecido de generosidad y altura de miras, pero no está nada claro en estos momentos que sean capaces primero de darse cuenta y segundo de llevarlo a cabo.  La generación política nacida de la Transición tiene que abrir paso a unos políticos nuevos con una forma nueva de hacer política y no olvidemos que no se trata solamente de una cuestión de edad: Susana Diaz o Soraya Saenz de Santa María son criaturas políticas de Griñán y Rajoy y herederas de las reglas de juego políticas vigentes hasta hoy.  En definitiva, esta generación tiene que ir haciendo mutis por el foro de forma tranquila y pausada, en beneficio de los intereses generales y de España en el medio plazo.

La generación política nacida de la Transición tiene que abrir paso a unos políticos nuevos con una forma nueva de hacer política

La razón es que necesitamos urgentemente otra forma de hacer política que no esté basada en el clientelismo, la opacidad, la falta de democracia interna en los partidos, la corrupción o la ocupación de las instituciones. Si los partidos tradicionales no son capaces de verlo y de cambiar no solo de caras o de discurso lo más probable es que tomen la delantera los partidos y los políticos “rupturistas” que pretendan hacer tabla rasa, con el peligro que esto supone. En definitiva, casi 40 años más tarde volvemos a estar ante el mismo dilema: reforma o ruptura.

Lo curioso y lo que me hace concebir ciertas esperanzas que la situación es ahora la inversa que en el año 1976. Entonces faltaban ciudadanos conscientes de sus derechos –no podía haberlos después de tantos años de dictadura- pero no faltaban políticos con ganas de emprender la aventura, unos desde dentro y otros desde fuera. Como es sabido, la reforma política se hizo finalmente no solo desde dentro sino sobre todo “desde arriba” aunque con el apoyo mayoritario de los españoles. La Constitución, por ejemplo, se debatió poco en público: a los españoles les bastaba con tener una, siempre que fuera parecida a los de los países europeos democráticos. De la misma forma la organización territorial se diseñó de arriba abajo, dado que en la mayoría de las CCAA –salvo en las llamadas “históricas”- no existía un sentimiento regionalista y mucho menos nacionalista digno de tal nombre.

De esta forma, los españoles no debatieron en público si era mejor tener solo tres CCAA históricas o si era mejor el café para todos. Los partidos políticos, por el mero hecho de existir y estar permitidos ya se consideraban un gran avance democrático, con independencia de su organización y funcionamiento interno, y sin duda lo fueron. El reconocimiento formal de libertades y derechos era también un paso fundamental. Pero sencillamente todo lo que entonces era un gran avance, ahora nos parece tan insuficiente como el sufragio censitario masculino desde la óptica del sufragio universal. Aunque conviene tener presente que sin el primero el segundo hubiera sido mucho más difícil de conseguir. En todo caso, parece más prudente construir sobre lo que ya tenemos aunque sea muy mejorable, que recomenzar desde cero. Si en 1976 salió bien con mucha más razón  tendría que salir bien en el 2016.


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