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30 de julio

“Quién soy yo para juzgar a un gay”, ha dicho el papa Francisco en un avión de regreso a Roma. El sumo pontífice se ha desatado en Brasil, donde ha defendido la laicidad del Estado y, sobre todo, a los jóvenes y la humildad en la iglesia. Entre tanto, seguimos esperando que un portavoz autorizado dé la cara por el tren de Renfe que se estrelló en las vías de Adif muy cerca de Santiago. El Mundo y El País siguen revelando datos que no hacen sino acrecentar la sensación de chapuza, concatenación de irregularidades e inseguridad en la red ferroviaria.

1. Cómo comunicar una tragedia y como no.

Es cierto que “nunca se está preparado para una tragedia”, como escribe Antoni Gutiérrez-Rubí en El País. Pero para eso están los planes de emergencia o las comunicaciones de crisis, señala. Escribe Rubí que “la excepcionalidad de un accidente brutal como el de Santiago de Compostela pone a prueba algo más que el valor y la profesionalidad de los que actúan sobre el terreno: pone a prueba la organización, la comunicación y la actuación de los responsables técnicos y políticos. También su sensibilidad”. El artículo se ilustra con fotografías de Ángel Acebes el 11-M; de Mariano Rajoy y su “hilillos de plastelina en el caso del Prestige y la ministra de Fomento, Ana Pastor, en el lugar del accidente del tren. “En la catástrofe de Santiago cada día un ministro ha visitado la zona, sin portavoz claro, ni ruedas de prensa programadas”, subraya.

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2. ¿Se extinguirán los escritores?, ¿y los blogueros?

“Los escritores, para ganarnos la vida, estamos siendo arrinconados a una trastienda oscura, con destino incierto y cada vez menos prolongado, llamado librería”, escribe Leonardo Padura en Babelia. Nos cuenta que ante los ataques al copyright de un joven argentino le pergunto “qué pasará con el escritor cuyas ventas desciendan de forma tal que deba dejar de escribir para buscarse otro trabajo”. “Su silencio”, añade “es no sólo el de su generación, sino el de toda una sociedad, la sociedad de esta era digital que nos hace todo tan fácil y asequible, pero que está poniendo en peligro la supervivencia de una subespecie humana: la del escritor. Y si se extinguen los escritores —déjenme la libertad, a mí, de ponerme apocalíptico—, ¿quiénes escribirán sobre el dolor, la belleza, el miedo a la vida y a la muerte? ¿Los blogueros?”

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3. Analfabetismo militante en El Mundo.

“El mundo no es una serie de sucesos concretos, simples, claros y fáciles de describir; es un lugar confuso, lleno de sistemas, instituciones, fenómenos y problemas complicados y en ocasiones horriblemente técnicos, y explicar qué demonios pasa a veces es cualquier cosa menos sencillo”, escribe Roger Senserich en El Mundo. Lo hace en respuesta a Arcadi Espada que había arremetido contra los medios digitales, los blogs y casi contra la Internet entera. Además tituló su artículo “Los morcillones”, lo que parece haber sido la gota que colmó el vaso de Roger. “Lo más preocupante en la actitud de Espada es su implícito analfabetismo militante. El hombre se queja amargamente sobre el poco trabajo y mucho tiempo libre que académicos, expertos y profesores universitarios”, replica.

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4. La lengua se enriquece con la crisis.

Nos hemos habituados a la prima de riesgo y la familia se ha ampliado después con los yayoflautas. Dice  The New York Times que aunque la crisis del euro empobrece algunas zonas de Europa, también enriquece el léxico del continente con coloridos neologismos que describen los problemas y acercan la economía y sus complejidades al lenguaje de diario. Cita a Darío Villanueva, secretario general la Real Academia Española: “la gente habla acerca de la economía de una manera que no tenía importancia para ellos hace tan sólo unos año”.

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5. Usain Bolt tiene más potencia que una Harley.

El hombre más rápido del mundo va como una moto. Usain Bolt, que corrió los 100 metros en 9,58 segundos, desarrolla una potencia superior a la de las primeras motocicletas de Harley-Davidson: tres caballos de potencia. El reportaje de Javier Salas en Materia señala además que el plusmarquista “corre contra sí mismo: es muy poco aerodinámico y el 92% de la energía que genera se gasta en hacer frente a la resistencia”.

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