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Pilla, pilla, que se acaba.

Una de las prácticas que UGT utilizó para cargar fondos públicos a sus actividades privadas tiene que ver con 700 maletines. El Mundo procuró exhibirlos por fuera, "pero lo interesante hubiera sido saber qué había dentro”, escribe Manuel Jabois. Nos estamos acostumbrando a que los dirigentes arramblen con todo y así nos vamos. Y nos va a ir peor porque el principio se está extendiendo. Escribe Jabois con ironía que para los sindicalistas que han cometido irregularidades –se dice así para no decir que han robado- “esperemos que no haya juicio y condena, porque sólo faltaría, para hundirlos, que se les indulte”.

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