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Obama, el Nobel innoble.

Llegó a la Casa Blanca con un Nobel de la Paz debajo del brazo y ahora vaga por un palacio de San Pertersburgo, como fantasma de lo que fue, reclamando apoyo para una intervención militar en Siria. Hay que acabar con el horror de la guerra de Assad, pero Obama llega tarde y el resto, bastante tiene con lo suyo como para ocuparse de lo otro. Para Rusia, la confusión de Europa es una oportunidad de volver a brillar.

“Con el Nobel a Obama tan solo se premió la esperanza, algo insólito y sin precedentes, el deseo, no basado en hechos tangibles, de que el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos trajese al mundo una nueva era de concordia que aplastase la herencia envenenada de George Bush”, explica @LuisMatiasLopez en @publico_es. “Fue un absurdo voto de confianza de un puñado de ilusos”, añade.

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